sábado, 4 de noviembre de 2017

Notas sobre el matriarcado en las tierras de Cuenca. El caso de Buenache de Alarcón y Piqueras del Castillo

Consideraba necesario hacer una breve reseña, sobre una cuestión que hasta la fecha casi no ha sido estudiada en la franja territorial que lleva por título este artículo.
Por desgracia cuando hablamos de elementos vinculados con la geografía social a escala municipal, vemos como es abundante la existencia de bibliografía en donde uno puede ver como escasea o llega a ser nula, la influencia adquirida y desempeñada históricamente en esta serie de espacios geográficos por parte de la mujer.

Afortunadamente con el trascurso de las últimas generaciones de historiadores, las tornas han ido cambiando, en parte gracias a los múltiples y variados enfoques críticos que han aflorado, canalizados mediante las diversas visiones que defienden el papel de la mujer en el pasado. Ello sumado a la progresiva aparición de historiadoras que han invertido miles de horas en esta causa tan justa, demuestran la verdadera importancia del fenómeno.

Uno de los principales rasgos de estas antiguas comunidades, era su característica de sociedad matriarcal. Aquellas en las que la mujer protagoniza un claro liderazgo, y que en el ámbito que nos compete está muy bien reflejado.

Si en Euskadi el tema del matriarcado es una cuestión más que conocida y estudiada, deberíamos de saber que en el área castellana, también tuvo su consiguiente influencia. El motivo, respecto al caso de esta zona de la Manchuela, he de decir que seguimos investigándolo. No obstante vemos como durante el siglo XVI llegan a estas localidades diferentes linajes procedentes de tierras vascas, que pudieron acrecentar y ahondar una idea del poder femenino, que perfectamente ya podía venir existiendo, lo cual retroalimentaría más si cabe su papel a nivel familiar. No olvidemos que en casos como el de Piqueras del Castillo, las familias más extendidas, han sido aquellas descendientes de linajes como los Lizcano y los Barambio, ambos de origen hidalgo y procedentes casualmente de las tierras vascas.

Hasta la fecha seguimos estudiando este fenómeno sociológico de nuestra historia, ya que hay muchísima información como para poder presentarse en diversos artículos, a raíz de la documentación relacionada con nuestros antepasados que va apareciendo en el Archivo Diocesano de Cuenca.

Como vemos el fenómeno parece ser global en el entorno, pues en lo que concibe a Buenache de Alarcón, un elemento de enorme peso, es el indiscutible poder de algunas de sus mujeres, puesto que se convierten en fundadoras de diversos vínculos, de los que podríamos estar un rato largo escribiendo algunas de sus particularidades. Debido a la extensión del tema, y reservándonos para futuros escritos, preferimos remitirnos directamente al linaje de los Salonarde. Una familia que estudiamos brevemente en un artículo publicado en este mismo blog a fecha del 2 de abril de 2017. En el repasábamos el rol desempeñado por las representantes de esta familia, hasta el punto de que una tía y su sobrina fueron las segundas grandes empresarias de la economía lanar conquense de aquellos tiempos. Una auténticas emprendedoras del momento, que compitieron con los linajes más poderosos e influyentes de la actual provincia. Nosotros conocimos los detalles de su vida de forma casual, tras realizar diversas indagaciones de nuestro árbol genealógico, por ello me pregunto ¿cuántas mujeres más de estas características habrá y todavía seguimos ignorándolas?

Otro caso de la misma localidad, es la fundación de una capellanía por parte de Isabel Rubio, hermana de nuestra antepasada Quiteria Rubio. Si Isabel consiguió generar una capellanía que luego fue reclamada por los miembros varoniles de la nobleza, su hermana Quiteria casó con don Matías de Buedo, representante de un destacado linaje que junto con los Ruiz de Alarcón controlará las riendas de Buenache. Será a través del enlace y su cuñada Isabel, como los descendientes de su familia podrán optar a la posesión de una de las capellanías más importantes de la historia del municipio. Una serie de estrategias matrimoniales que vislumbran como las mujeres más poderosas acabarán influyendo en la planificación de diferentes enlaces que reforzarán el poder de las élites.

Volviendo al linaje anterior, no debemos de olvidar y comentar sólo como ejemplo, que la famosa “Casa Clemente de Arostegui” de la ciudad de Cuenca, fue pagada por doña Quiteria Salonarde y Salonarde (tal y como confirma la documentación de su venta en 1727), a pesar de que acabaría llevando el apellido de su marido, lo que viene a ser sólo la punta del iceberg... y una “anécdota” más, pero que no hace más que demostrar esa falta de la reseña femenina en nuestra historia.

Y si eso pasaba en una de las grandes familias que influyeron en la sociedad conquense, ¿qué podía suceder en los medios rurales más apartados?

Nuestros estudios genealógicos, nos han permitido a lo largo de los últimos años, poder recabar información, que minuciosamente vamos presentando y analizando. Y en este sentido, vemos como se confirma claramente la misma línea de trabajo en el lugar de Piqueras del Castillo, vecino del referido Buenache, en donde de nuevo la mujer vuelve a tomar un protagonismo destacado.

Aquí lo observamos a través de la figura de los vínculos. Un sistema mediante el que las tierras de una familia o linaje pasaban a formar parte de un mismo conjunto, único e indivisible, para que en el momento de su transmisión no llegara a dispersarse. A cambio, su familiar y consiguiente propietario, solía dedicar una serie de misas, así como algunas ofrendas en memoria de la persona que lo había otorgado, donde además se le solía exigir que portara su apellido, a pesar de que éste le recayera por línea femenina, o incluso se invocara a través de una abuela materna.

En este sentido, serán destacados los vínculos fundados por mujeres de la localidad como fueron María Rodrigo, Catalina López, María de Reyllo, Quiteria Cano, María Gil, Isabel de Moya, Catalina de la Orden, Francisca Gil, María de Nieves y Sabina García. Todas ellas, además de superar hasta la fecha la cifra de vínculos creados por hombres en este lugar, vinieron a representar algunas de las familias más ilustres de la historia de Piqueras, ya que consolidaron el núcleo duro de las élites municipales, representado así su linaje, y que si no era procedente de la pequeña nobleza rural, bien lo hacía a través de la naciente burguesía agrícola y ganadera que tanto peso tuvo en la Castilla de aquellos tiempos.

La importancia de su poder viene reflejada en diferentes fuentes que hemos recogido en nuestros apuntes familiares. Uno de los más repetidos son los testamentos, en donde se da una pequeña muestra de su potencial económico, y que suele reforzarse con el pago de misas y diversas concesiones que éstas realizan antes de fallecer.

El papel de la mujer como propietaria ya no sólo de bienes en vida, sino que incluso llegada la muerte, lo vemos reflejado en el listado de nombres de las criptas de la iglesia de la localidad. En este sentido hemos podido contabilizar como en las tres primeras filas del templo, para la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII, de las 36 tumbas que engloban la parte anexa al altar, y que eran a su vez por ese motivo las más caras, estas se encuentran divididas entre la iglesia, hombres y mujeres, resultando ser 12 propiedad del clero, 9 de los hombres y las restantes 15 de diferentes mujeres de Piqueras.

Sin lugar a dudas pensamos que esto no es una casualidad.

En el presente nos encontramos trabajando diferentes informaciones, que siguen reforzando la tesis del establecimiento de una sociedad matriarcal en estos municipios, de ahí que esperamos poder seguir vaciando referencias de nuestro archivo, que nos permitan concretar con mayor rotundidad, la importancia del papel de la mujer entre los siglos XVI-XVIII, al menos por lo que respecta a nuestras antepasadas y sus parientes, en los lugares de Buenache, Piqueras y sus alrededores.



David Gómez de Mora