martes, 25 de abril de 2017

Apuntes genealógicos sobre los Barambio

Uno de los linajes más destacados de Buenache de Alarcón durante el siglo XVII y parte del XVIII, fue el de la familia Barambio. Su historia da para mucho, de ahí que en este artículo vamos a realizar un breve resumen sobre algunas de las particularidades por las que destacaron.

Por ahora su origen no lo conocemos a ciencia cierta, ya que hemos visto que aparecen repentinamente documentados al menos durante la segunda mitad del siglo XVI en este municipio, lo cual nos hace pensar como hipótesis que llegarían por esas fechas de otro lugar. Es factible que procedieran del norte, tal y como ya hicieron otros linajes hidalgos que años antes se asentaron en la misma zona, como es el caso de los Lizcano (caballeros del País Vasco).

En este sentido, pensamos que los Barambio bien pudieron proceder de la línea noble que había ubicada en Bilbao, y de la cual sabemos que años más tarde don Juan Bautista de Barambio y Olarte, consiguió ingresar en la Orden Militar de Caballeros de Santiago. No obstante, el vacío existente que hasta la fecha nos ofrece la documentación, hace que esto quede en una mera conjetura, pero que cobra fuerza cuando analizamos a fondo el poder acumulado por sus miembros ya desde las primeras generaciones.

Sabemos que Juan de Barambio casó con María López, y de cuyo matrimonio nacerá su hijo Juan de Barambio López. Éste tuvo dos mujeres, siendo la que más nos interesa su segunda esposa, Juana Díaz Descalzo. Una señora perteneciente a la pequeña burguesía rural, hija del señor Lucas Ruiz y su esposa Catalina Martínez. De dicho matrimonio nacerán diferentes hijos que poseerán un papel destacado, así como sus descendientes en años venideros. 

Por un lado tendríamos a Lucas Ruiz de Barambio (11avo abuelo nuestro), quien dio lugar durante varias generaciones al apellido compuesto “Ruiz de Barambio” (fallecido en 1687 y que pagó un total de 120 misas), casado a su vez con una miembro de la familia Cortijo, otro linaje de las pequeñas élites locales. También hemos de mencionar un hermano del referido Lucas, llamado Francisco de Barambio -11avo abuelo nuestro-, (fallecido en 1682, y que pagó 214 misas), casado a su vez con la burguesa María Saiz de Piqueras, hija de Miguel Herráiz Saiz y Ana de Piqueras. De este matrimonio nacerán varios hijos que acabarán entroncando con familias igual de destacadas del lugar. Se podría decir que a partir de esta generación los Barambio comienzan a proyectarse con fuerza, así vemos como su hija Juana de Barambio casa con el hidalgo Miguel Martínez de Montero. Su hermano Juan de Barambio -10mo abuelo nuestro- (fallecido en 1713 y que pagó 200 misas) casa con Ana Blanco, hija también de dos hidalgos, Matías Monedero Blanco y María de Montero. Fruto de esta línea procedió el famoso párroco Barambio de Piqueras, así como otros personajes del apellido Barambio que integrarán el estatus eclesiástico de este territorio, fortaleciendo más si cabe el linaje familiar. Biznieto de dicho Juan y Ana, fue Celedonio de Barambio Serrano, casado en Piqueras con María Antonia López y López, dando fruto a la línea de los Barambio de Piqueras del Castillo. 

Otro personaje destacado que formará parte de esta familia será Miguel Herráiz de Barambio, que forjó su enlace matrimonial con la descendiente de hidalgos María Saiz de Villora y de Ruipérez, y de donde también saldrán otros Barambios vinculados con la iglesia (dicho Miguel falleció en 1713 y pagó 350 misas). Hemos de decir que el número de misas pagadas era también un elemento que caracterizada el poder de cada estirpe. Volviendo a los miembros de dicha familia, tampoco podemos olvidar otra hermana, María Saiz de Piqueras y de Barambio (11ava abuela nuestra), mujer de Pedro de Ontagas, y que a través de uno de sus hijos heredará una parte del vínculo que poseían los Barambio.

Aunque si hemos de destacar un personaje que marcaría el rumbo de la historia de esta familia, ese fue el hermano de los anteriormente citados, Fray don Francisco de Barambio. Éste llegó a ser maestro graduado de filosofía, además de logar el grado en teología por la Universidad de Alcalá de Henares, y posteriormente el doctorado. Don Francisco fue capellán mayor del convento de capuchinas de Madrid, además de un gran erudito que escribió algunas obras, como unos discursos filosóficos, teológicos, morales y místicos; además de una pieza atribuida a su persona, titulada “casos reservados a su santidad, y que debido a su contenido fue prohibida en 1694. (Apuntes, nº 450).




Parte de la genealogía del linaje Barambio extraída de los libros parroquiales de Buenache de Alarcón y nuestros apuntes personales. Elaboración propia.

Por lo que se refiere a don Francisco, sabemos que fundó un vínculo y patronato donde figuraban una extensa lista de bienes patrimoniales, entre los que había una casa de morada más sus corrales en la calle de San Pedro de Buenache, así como una vivienda que luego perteneció a Diego Martínez Merchante, con su bodega inclusive. Luego entrarían huertas, con sus respectivas balsas, cañamares, tierras con cultivos de cebadas, varios trigales, así como muchos bienes que comprendieron el vasto patrimonio de esta familia, y que es digno de estudiarse en un artículo a parte. 

Otro tema que también da para muchas líneas es el referente a su testamento, del cual destacaremos que dicho fray don Francisco deseó ser enterrado en la iglesia de San Pedro de Buenache, en la sepultura familiar donde descansaban los cuerpos de sus padres y tío, Miguel de Barambio. El mobiliario que poseía se lo otorgó a su sobrino Pedro de Ontagas, hijo de su hermana María Saiz de Piqueras y de Barambio. Se mencionan además otras muchas tierras y diferentes casas, entre la que destacaremos la ubicada en plena calle de la iglesia mayor, y que lindaba con la del reputado caballero hijodalgo don Pedro de Buedo. Otros bienes curiosos son el de un cañamar que vendió a don Tomás Sancha y de Ayala, familia que estuvo relacionada a través de la figura de José Sancha y de Ayala con el linaje Salonarde de esta misma localidad y que controlaron una parte considerable de la producción ganadera que existía en la ciudad de Cuenca (véase: “Los Salonarde. Un linaje de la nobleza rural conquense vinculado con la trashumancia”), y que vuelve a evidenciar las relaciones establecidas entre las élites del lugar, así como también múltiples viñas y huertas que aglutinaban uno de los bienes patrimoniales más destacados de la localidad, sumando un valor total de 19.800 reales. (Apuntes, nº 419 y 421).


David Gómez de Mora