martes, 25 de abril de 2017

Apuntes genealógicos sobre los Barambio

Uno de los linajes más destacados de Buenache de Alarcón durante el siglo XVII y parte del XVIII, fue el de la familia Barambio. Su historia da para mucho, de ahí que en este artículo vamos a realizar un breve resumen sobre algunas de las particularidades por las que destacaron.

Por ahora su origen no lo conocemos a ciencia cierta, ya que hemos visto que aparecen repentinamente documentados al menos durante la segunda mitad del siglo XVI en este municipio, lo cual nos hace pensar como hipótesis que llegarían por esas fechas de otro lugar. Es factible que procedieran del norte, tal y como ya hicieron otros linajes hidalgos que años antes se asentaron en la misma zona, como es el caso de los Lizcano (caballeros del País Vasco).

En este sentido, pensamos que los Barambio bien pudieron proceder de la línea noble que había ubicada en Bilbao, y de la cual sabemos que años más tarde don Juan Bautista de Barambio y Olarte, consiguió ingresar en la Orden Militar de Caballeros de Santiago. No obstante, el vacío existente que hasta la fecha nos ofrece la documentación, hace que esto quede en una mera conjetura, pero que cobra fuerza cuando analizamos a fondo el poder acumulado por sus miembros ya desde las primeras generaciones.

Sabemos que Juan de Barambio casó con María López, y de cuyo matrimonio nacerá su hijo Juan de Barambio López. Éste tuvo dos mujeres, siendo la que más nos interesa su segunda esposa, Juana Díaz Descalzo. Una señora perteneciente a la pequeña burguesía rural, hija del señor Lucas Ruiz y su esposa Catalina Martínez. De dicho matrimonio nacerán diferentes hijos que poseerán un papel destacado, así como sus descendientes en años venideros. 

Por un lado tendríamos a Lucas Ruiz de Barambio (11avo abuelo nuestro), quien dio lugar durante varias generaciones al apellido compuesto “Ruiz de Barambio” (fallecido en 1687 y que pagó un total de 120 misas), casado a su vez con una miembro de la familia Cortijo, otro linaje de las pequeñas élites locales. También hemos de mencionar un hermano del referido Lucas, llamado Francisco de Barambio -11avo abuelo nuestro-, (fallecido en 1682, y que pagó 214 misas), casado a su vez con la burguesa María Saiz de Piqueras, hija de Miguel Herráiz Saiz y Ana de Piqueras. De este matrimonio nacerán varios hijos que acabarán entroncando con familias igual de destacadas del lugar. Se podría decir que a partir de esta generación los Barambio comienzan a proyectarse con fuerza, así vemos como su hija Juana de Barambio casa con el hidalgo Miguel Martínez de Montero. Su hermano Juan de Barambio -10mo abuelo nuestro- (fallecido en 1713 y que pagó 200 misas) casa con Ana Blanco, hija también de dos hidalgos, Matías Monedero Blanco y María de Montero. Fruto de esta línea procedió el famoso párroco Barambio de Piqueras, así como otros personajes del apellido Barambio que integrarán el estatus eclesiástico de este territorio, fortaleciendo más si cabe el linaje familiar. Biznieto de dicho Juan y Ana, fue Celedonio de Barambio Serrano, casado en Piqueras con María Antonia López y López, dando fruto a la línea de los Barambio de Piqueras del Castillo. 

Otro personaje destacado que formará parte de esta familia será Miguel Herráiz de Barambio, que forjó su enlace matrimonial con la descendiente de hidalgos María Saiz de Villora y de Ruipérez, y de donde también saldrán otros Barambios vinculados con la iglesia (dicho Miguel falleció en 1713 y pagó 350 misas). Hemos de decir que el número de misas pagadas era también un elemento que caracterizada el poder de cada estirpe. Volviendo a los miembros de dicha familia, tampoco podemos olvidar otra hermana, María Saiz de Piqueras y de Barambio (11ava abuela nuestra), mujer de Pedro de Ontagas, y que a través de uno de sus hijos heredará una parte del vínculo que poseían los Barambio.

Aunque si hemos de destacar un personaje que marcaría el rumbo de la historia de esta familia, ese fue el hermano de los anteriormente citados, Fray don Francisco de Barambio. Éste llegó a ser maestro graduado de filosofía, además de logar el grado en teología por la Universidad de Alcalá de Henares, y posteriormente el doctorado. Don Francisco fue capellán mayor del convento de capuchinas de Madrid, además de un gran erudito que escribió algunas obras, como unos discursos filosóficos, teológicos, morales y místicos; además de una pieza atribuida a su persona, titulada “casos reservados a su santidad, y que debido a su contenido fue prohibida en 1694. (Apuntes, nº 450).




Parte de la genealogía del linaje Barambio extraída de los libros parroquiales de Buenache de Alarcón y nuestros apuntes personales. Elaboración propia.

Por lo que se refiere a don Francisco, sabemos que fundó un vínculo y patronato donde figuraban una extensa lista de bienes patrimoniales, entre los que había una casa de morada más sus corrales en la calle de San Pedro de Buenache, así como una vivienda que luego perteneció a Diego Martínez Merchante, con su bodega inclusive. Luego entrarían huertas, con sus respectivas balsas, cañamares, tierras con cultivos de cebadas, varios trigales, así como muchos bienes que comprendieron el vasto patrimonio de esta familia, y que es digno de estudiarse en un artículo a parte. 

Otro tema que también da para muchas líneas es el referente a su testamento, del cual destacaremos que dicho fray don Francisco deseó ser enterrado en la iglesia de San Pedro de Buenache, en la sepultura familiar donde descansaban los cuerpos de sus padres y tío, Miguel de Barambio. El mobiliario que poseía se lo otorgó a su sobrino Pedro de Ontagas, hijo de su hermana María Saiz de Piqueras y de Barambio. Se mencionan además otras muchas tierras y diferentes casas, entre la que destacaremos la ubicada en plena calle de la iglesia mayor, y que lindaba con la del reputado caballero hijodalgo don Pedro de Buedo. Otros bienes curiosos son el de un cañamar que vendió a don Tomás Sancha y de Ayala, familia que estuvo relacionada a través de la figura de José Sancha y de Ayala con el linaje Salonarde de esta misma localidad y que controlaron una parte considerable de la producción ganadera que existía en la ciudad de Cuenca (véase: “Los Salonarde. Un linaje de la nobleza rural conquense vinculado con la trashumancia”), y que vuelve a evidenciar las relaciones establecidas entre las élites del lugar, así como también múltiples viñas y huertas que aglutinaban uno de los bienes patrimoniales más destacados de la localidad, sumando un valor total de 19.800 reales. (Apuntes, nº 419 y 421).


David Gómez de Mora

domingo, 23 de abril de 2017

Notas sobre el linaje Valladolid de Buenache de Alarcón

La familia Valladolid comienza a dejar su huella en la localidad de Buenache de Alarcón a partir del siglo XVII, momento en que empezamos a ver como aparece este apellido en los libros de su parroquia, así como en las anotaciones de los apuntes genealógicos que poseemos.

Personalmente, este apellido guarda un interés especial, ya que nuestro bisabuelo Honorio de Mora de Valladolid, fue el último representante de la familia en llevarlo. De ahí que en un futuro sigamos investigando más a fondo su procedencia, en busca de conclusiones que nos ayuden a comprender mejor el destino que corrieron algunos de los antepasados que lo portaron.

Poco sabemos por ahora de sus raíces, no obstante, lo que sí parece evidente, es que muchos de sus miembros se encontraban representando diversos de los personajes más destacados del Buenache del siglo XVIII. Circunstancia que comprobamos mediante sus testamentos, así como por los diferentes enlaces que los Valladolid realizan con otras familias de la burguesía local, tal y como sucede en la segunda mitad de esa centuria con el linaje de los Barambio.

Su interés por proyectarse desde las primeras generaciones de su asentamiento queda patente a través del matrimonio celebrado entre Francisco de Valladolid (noveno abuelo) con María García de Arribas, la cual era hija del alcalde de Buenache, don Marcos de Arribas y su esposa Margarita López, naturales de la localidad y gentes de buena posición. Recordemos que su pariente Alonso de Valladolid casó en 1703 con la noble doña María de Villanueva. De estos dos últimos personajes sabemos que Alonso falleció en 1735, pagando un total de 500 misas, así como su esposa María lo hizo en 1744, pagando 1.102 misas. Cifras tremendamente exageradas, que a simple vista son indicativas del poder ostentando por ambas casas.



Apuntes de la genealogía familiar (Linaje de Valladolid). Elaboración propia.


Francisco se encargó de que su hijo siguiera el mismo rumbo que su padre, para ello mantuvo un enlace con una mujer de una condición social similar, María, la cual descendía por el costado paterno y materno de gentes que componían el conglomerado elitista de la localidad. Los planes de proyección social seguían estando muy claros en la familia de Francisco, de ahí que dos hijos fruto de dicho matrimonio, Eugenio y Francisco (ambos séptimos abuelos nuestros), casaron con las hijas de otra familia muy conocida en el territorio por su vinculación con el clero, y anteriormente mencionada, los Barambio, y de los que próximamente realizaremos un artículo detallado sobre su historia familiar. De acorde a la documentación intuimos que Francisco tenía muy buena relación con el que sería su futuro consuegro (Lucas Ruiz de Barambio), fenómeno por el que se gestó con éxito un doble “apaño” matrimonial, que dejó una rica descendencia a través de la línea de los Valladolid, así como acabaría consolidando a sus miembros entre los representantes de la pequeña burguesía municipal durante fechas posteriores. Eugenio tuvo como hijo a Luís de Valladolid y de Barambio, quien casó con María Josefa del Oreto Joaquina Ana Damasa de Cuenca García-Avalos y de la Parra (sextos abuelos). Por otro lado, Francisco, engendró entre sus hijos a Leonardo de Valladolid y de Barambio, quien casó con María Cerrillo López (también sextos abuelos).

David Gómez de Mora

Las élites de Buenache de Alarcón durante el siglo XVII (sus alcaldes)

Gracias al libro de capellanías de don Domingo de Campos, podemos crearnos una idea de las familias y personajes que vivían en Buenache de Alarcón durante los siglos pasados. En este caso hemos querido centrarnos en aquellos que lo hicieron a lo largo de la centuria que lleva por título este artículo, haciendo especial hincapié en las familias más destacadas del lugar.

Sabemos que el tejido social de una localidad como la que estamos tratando no era excesivamente complejo, no obstante, ello no impidió que diferentes linajes de la burguesía local, como de la nobleza rural, comenzaran a cobrar protagonismo dentro del espacio que hoy denominamos vulgarmente con el nombre de la Manchuela. Un fenómeno que apreciamos en las entradas anuales que se van efectuando en el referido libro, y en el que se mencionan los personajes que ocuparon las alcaldías del municipio.

En esta línea, hemos podido comprobar que en la gran mayoría de casos, durante ese periodo Buenache contaba con dos alcaldes ordinarios, de los que normalmente uno solía representar el estado noble, mientras que otro el estado general. Norma que no siempre se aplicaba, bien por falta de hidalgos o incluso por gentes que intentaban escaquearse.

El puesto de alcalde solía reservarse para aquellos individuos que poseían una mínima formación académica, donde al menos pudieran reflejarse unos conocimientos en contabilidad, escritura y lectura, además de hallarse en una posición social bien considerada, lo cual solía ir siempre relacionado, de ahí que como veremos no es casual que estos se adscriban a las familias con más poder del municipio.

El libro de Domingo de Campos (vol. I), abarca desde el año 1627 hasta 1786, dando detalle de los representantes de la corporación municipal que existieron durante la primera mitad del siglo, ya que posteriormente se abre una laguna de datos entre las series. Esta pieza documental se halla en el Archivo Diocesano de Cuenca, y en la mismo, el párroco don Domingo dejó constancia que éste ayudaría a aquellas familias con dificultades económicas, que demostraran ser descendiente de su linaje. En este sentido, aparecen multitud de viudas, que ante el tremendo desamparo económico que suponía por aquellas fechas la muerte de un marido, nos están señalando una vinculación genealógica directa con dicha familia.

El referido don Domingo de Campos mantuvo una relación muy estrecha con los Señores de Buenache de Alarcón, tanto es así que fue su capellán. Siendo un personaje digno de estudio, y que en un futuro pretenderemos desentrañar con un mayor detalle.

Por lo que respecta a los alcaldes, vemos como sus apellidos están siempre relacionados con las gentes más importantes de la localidad, de ahí que iremos mencionando los años en lo que estos aparecen, así como la relación familiar que poseían con las élites locales, a través de la conexión que nosotros tenemos en nuestros apuntes genealógicos.

Hemos podido comprobar que no todos los años se efectuaban anotaciones, motivo por el que en bastantes temporadas desconocemos quienes fueron los gobernadores municipales. Adjuntamos a continuación la lista de los nombres y apellidos que hemos podido transcribir por lo que atañe a este siglo:

1627- Pedro de la Parra y Martín Pérez, así como Nicolás Beltrán y Bartolomé Herráiz.

1629- Pedro de Alarcón y Pedro de Ruipérez. Luego Blas Bermejo.

1631- Bartolomé Herráiz y Pedro de Ruipérez.

1632- Nicolás Beltrán.

1633- Nicolás Beltrán y Pedro Hortelano de Lara.

1634- Fernando Saiz y Bartolomé Moreno.

1636- Francisco López de Lizcano y Pedro Hortelano de Lara.

1637- Pedro de Cuenca y Pedro de la Orden.

1638- Pedro García Redondo y Pedro del Castillo Reyllo.

1641- Fernando Saiz y Juan de la Orden.

1642- Fernando Saiz.

1643- Pedro de Cuenca y Andrés Cortijo.

1644- Antonio García y Gerónimo Saiz.

1645- Antonio García y Luís de la Parra.

1648- Domingo de Rojas.

1649- Cosme del Monte.

1650- Damián García.

1653- Juan Saiz de Arias.

1654- Damián García y Gerónimo Saiz.

1655 y 1656- Miguel Moreno de la Fuente y Pedro de la Parra Donoso.

1657- Pedro Cerrillo de Ayuso y José García.

1659- Fernando Saiz Moreno y Sebastián López.

1661- Juan García de Villora y Cristóbal Hortelano.

1663- Antón García Patrón y Alonso Ximénez Moreno.

1664- Cristóbal Hortelano y Miguel de Villora Cantero.

1665- Pedro de Rojas Arcos.

1667- Fernando Saiz y Diego de Arias Calleja.

1681- ¿Miguel García de Villora?

1682- Diego Muñiz Hortelano y Marcos López de Gonzalo.

1683- Alonso de Ávalos (menor) y Bartolomé de la Orden.

1692- Alonso de Tébar.

1695- Francisco Martínez y Gil Blanco.

Entrando a valorar la historia de algunos de esos personajes y siguiendo nuestros apuntes genealógicos, podemos aportar los siguientes datos:

Empezamos con Pedro de la Parra, quien casó en 1618 con María Pérez, siendo éste hijo de Pedro García y Ana García. Respecto a los Ruipérez, sabemos que fueron hidalgos reconocidos en algunos municipios de los alrededores.

Martín Pérez desciende del linaje burgués de los Pérez, y que consideramos como uno de los más importantes durante la segunda mitad del siglo XVI, ya no sólo en este municipio, sino que con gran influencia en enclaves de los alrededores.

Nicolás Beltrán desciende de otra notable familia, cuyos parientes mantendrán enlaces con miembros destacados de la nobleza de la Manchuela.

Igualmente Blas Bermejo desciende de la línea de Juan Bermejo e Isabel de Silos y de Sotomayor, gentes bien posicionadas.

No hemos de olvidar a Fernando Saiz Moreno y Bartolomé Moreno, descendientes de la línea de Fernando Saiz Moreno y Quiteria Cano, poseedor de uno de los vínculos más destacados de la historia de Buenache de Alarcón.

Pedro de Cuenca está relacionado con la línea del antes referido Pedro de la Parra y María Pérez. Dicha María es hija de Pedro de Cuenca y Juliana Martínez, fenómeno que vuelve de nuevo a reforzar la consanguinidad habida entre las familias que ocupan estos cargos de la administración.

Pedro de la Orden, dejó por descendiente a Pedro de la Orden, marido de Isabel de Moya, y progenitores de una destacada línea del linaje de la Orden en Buenache. Fenómeno idéntico sucede con otro personaje de la familia, Juan de la Orden. Años más tarde Bartolomé de la Orden, casado en 1656 con la hidalga Juana de Flores, ocupará la alcaldía del municipio. Éste fue hijo de Francisco López de Vera y María de la Orden, una familia también con renombre. Ello confirma el estatus de los miembros de la saga de los de la Orden a lo largo de este siglo.

Andrés Cortijo es también descendiente del linaje Cortijo, viniendo muy probablemente del bien posicionado Andrés Cortijo y su esposa Leonor García.

Pedro del Castillo Reyllo es miembro de la nobleza local, una familia de las más destacadas y que entronca con los Señores de Buenache de Alarcón. El mismo Martir Rizo en su obra histórica de Cuenca, remarca la importancia de este linaje.

La familia de Rojas, es miembro del estado noble, lo cual les permitirá proyectarse con enorme facilidad dentro de la localidad.

Igualmente de destacadísima es la familia de Cosme del Monte (marido de Ana Saiz), descendiente de hidalgos locales (Cosme del Monte y doña Catalina del Castillo), el cual además de ser alcalde, es seguido después por su hijo Gerónimo Saiz, casado en 1626 con María Pérez, ella también descendiente de la burguesía rural.

Tenemos también referencias de que Juan Saiz de Arias es descendiente de la línea hidalga de Juan Saiz de Arias y doña María de Reyllo.

Miguel Moreno de Fuentes, es otro de los miembros que están relacionados con los Saiz Moreno, casando en 1641 con Catalina Cerrillo, y siendo hijo del ex-alcalde anteriormente mencionado Fernando Saiz Moreno.

Tampoco podemos olvidar los diferentes miembros de la familia García, entre los que hemos de destacar a José García, quien en 1629 casa con Ana Bermejo. Dicho José es hijo de Diego Rentero y Juliana García (descendiente por lo tanto de la reputada familia de don Domingo de Campos). En el caso de Damián García, éste es un fiel representante de la burguesía local rural, en la que sus ancestros ya venían desempeñando un papel destacado. Fenómeno idéntico sucede con la línea de los García de Villora.

Otra familia con mucho recorrido son los Saiz Carrión, y que están relacionados con la familia descendiente de Miguel Saiz Carrión y María Pérez. Parece ser que los Carrión también fueron reconocidos como miembros del estado noble en diferentes lugares.

Valgan pues estas notas, como información adicional que nos permita conocer un poco mejor la historia de las élites rurales que existieron en este lugar.

 

David Gómez de Mora

 

Bibliografía:

-Libro de la capellanía Campos (Vol. I), 1627-1786. Archivo Diocesano de Cuenca.

-Libros de matrimonios de Buenache de Alarcón. Volúmenes II, III y IV. Archivo Diocesano de Cuenca.

-Genealogía de la familia Gómez-de Mora y Jarabo. Inédito.

domingo, 2 de abril de 2017

Los Salonarde. Un linaje de la nobleza rural conquense vinculado con la trashumancia

En muchos casos, cuando se estudia el origen y evolución de una familia procedente del ámbito rural, veremos que su camino no siempre dibuja una trayectoria de decaída o estancamiento, sino que el de una proyección continua que acaba al final posicionándolos en un lugar privilegiado. Esta es sin lugar a dudas la historia de la familia Salonarde. Una estirpe, que de acuerdo a la documentación que hemos podido seguir hasta el siglo XVI, se ubicó entre los pueblos vecinos de Barchín del Hoyo y Buenache de Alarcón, núcleo y origen de su asentamiento y crecimiento una vez que se superó el período de la Edad Media. 

Desde ahí, esta familia ya destaca por el papel que juega en la administración local, así como por un considerable patrimonio aglutinado, que poco a poco le servirá para dejarse ver entre las élites del lugar, un fenómeno que finalmente les permitirá conseguir ocupar un lugar privilegiado entre las altas esferas de la sociedad conquense, concretamente en la ciudad de Cuenca. 

Nuestra historia comienza de abajo hacia arriba, con don Fernando Clemente de Arostegui y Herrera de Salonarde, nacido en Cuenca allá por el año 1756, y que llegó a desempeñar el oficio de teniente de navio de la Real Armada, además de luego ser nombrado caballero de la Orden de Calatrava. Como muchos nobles de la época, don Fernando empleó su tercer apellido, al margen de los dos primeros que le venían por el costado masculino, siendo éste el de Salonarde, el cual ya heredaba por repetición, puesto que tanto su padre como su madre lo portaban en segundo lugar, ya que eran primos hermanos. Una estrategia muy empleada entre la nobleza para conservar la pureza sanguínea, además del patrimonio que poseían. Así pues, su padre, don Antonio Clemente de Arostegui y Salonarde, fue caballero de la Orden de Carlos III, además de regidor perpetuo de Cuenca por el estado noble, y administrador general de las rentas provinciales, siendo hijo de dos padres de la manchuela, don José Clemente de Arostegui Cañavate y doña Quiteria Salonarde Salonarde (oriunda de Buenache de Alarcón). 

Por el costado materno, la esposa de don Antonio era doña Josefa Juliana de Herrera Salonarde, hija del hidalgo don Fernando Herrera de Cenizales y doña Ana Josefa Salonarde Salonarde. Ambas abuelas, Quiteria Antonia y Ana Josefa, eran hijas del hidalgo de Buenache de Alarcón, don Benito Salonarde de Torres, quien había casado a su vez con otra miembro de su mismo linaje, doña Catalina Salonarde Cerrillo. Gracias a esta serie de enlaces endogámicos, los Salonarde supieron fortalecer y acumular una notable cantidad de riquezas, que se basaban especialmente en la posesión de tierras y amplias cabezas de ganado, de las que luego sacaban rédito comercializando su producción lanar. 

Al respecto existen dos estudios de notable interés que tratan este tema, por un lado tenemos el de María Luz N. Vicente Legazpi, “La ganadería en la provincia de Cuenca en el siglo XVIII” (2000), así como el de Mariano López Marín, “Tiempo de transhumancia” (2012). De ambos extraemos una conclusión muy interesante, y es que el poder que acumuló y gestionó la familia Salonarde, fue regulado por mujeres. Algo que aunque hoy parezca una mera curiosidad, no la tenía desde luego en aquella España rural del siglo XVIII, en donde el papel de la mujer era prácticamente nulo. Dichas damas acabaron siendo hábiles y avanzadas empresarias de la época, no obstante, creemos que su labor no ha sido lo suficientemente reconocida hasta el presente, puesto que hemos de tener en cuenta que pasaron a ser de las mayores controladoras de reses que hubo en todo el territorio conquense.


Ascendencia de don Fernando Clemente de Arostegui por el costado de los Salonarde.

La abuela paterna de don Fernando, doña Quiteria Salonarde, fue una de las grandes gestoras de la trashumancia conquense, ya que no sólo se limitó a comprar ganado, sino que realizó enormes inversiones que mejoraron su explotación y consiguiente producción. Sabemos que don José Clemente de Arostegui, capellán mayor y canónigo de la catedral de Cuenca, fue su apoderado. Doña Quiteria consiguió hacerse con la cabaña del emblemático municipio de Molinos de Papel, tras el fallecimiento de su segundo esposo don José de Sancha Ayala. La abuela de don Fernando acabó dejando su patrimonio a la que sería su sobrina, y madre a la vez de don Fernando.

María Luz Vicente (2000, 1113), nos indica que doña Ana Josefa Salonarde se encargó de efectuar sola toda la dirección de la explotación. Igualmente, dicha autora nos confirma que la relación que albergaban los Salonarde con la industria animal era una forma más de acumular ganancias, puesto que doña Quiteria prestó dinero, compró tierras e invirtió en diferentes propiedades, además de la ya famosa gestión ganadera que desempeñaba. Tanto es así que ya vio en la propiedad de Molinos de Papel (en las afueras de Cuenca) una salida a su negocio, puesto que dicha instalación estaba adyacente a la casa esquiladero-lavadero que tenía para su ganado.

Los Salonarde, como muchos miembros de la aristocracia, se agarraron a la figura del mayorazgo para no dispersar su patrimonio, de modo que éste siempre consiguiera concentrarse en un único individuo. Sabemos que la casa principal de doña Quiteria, y que fue con anterioridad del señor Marqués de Palacios, pasó por herencia a los miembros de la familia Clemente de Arostegui, siendo al final el nombre con el que todavía hoy se conoce, a pesar de haberla recibido gracias a la compra de los Salonarde (Vicente, 2000, 846).



Casa de los Clemente de Arostegui (Cuenca). Fuente: http://www.minube.com/fotos/rincon/5186/30150

Otra persona igual de importante es la mencionada doña Ana Josefa Salonarde, hija de los abuelos maternos del capitán don Fernando, y que se acabará convirtiendo en la única heredera del patrimonio de su tía doña Quiteria. La referida doña Ana Josefa siguió con el mismo espíritu emprendedor de su familia, y consiguió hacerse con muchas propiedades, así como terrenos destacados, además de una mayor cantidad de cabezas de ganado que ya le venían por su madre, llamada igual, y que como doña Quiteria, eran hijas de don Benito Salonarde y doña Catalina Salonarde, ambos vecinos de Buenache de Alarcón, y quienes se encontraban bien posicionados económicamente.

Tras la herencia de su tía Quiteria, más lo que ya poseía Ana Josefa, ésta pasó a convertirse en una de la mayores controladoras de ganado merino de la ciudad de Cuenca. En esta línea María Luz Vicente, refleja con cifras ese poder, cuando nos comenta que el grado de acumulación de riquezas fue tan grande, que la producción se repartía entre pocos ganaderos, puesto “que el 66’49% de todo el lanar, incluido el churro, pertenecía sólo a tres ganaderos de cabañas merinas. El de Francisco de Borja, el de Quiteria Salonarde y el de Julián Cerdán” (2000, 823). Parece ser que la lana de los Salonarde se llevaba en los años ochenta del siglo XVIII hasta València, presumiblemente hacia Italia, o bien para el consumo interior (Vicente, 2000, 1358).

El referido bisabuelo de don Fernando, fue un reputado hidalgo de la villa de Buenache, que descendía por línea recta de una de las familias más destacadas del lugar, tal y como podemos comprobar a través de las anotaciones que poseemos de los Salonarde, en donde consultando los libros parroquiales, destacan curiosidades como el pago de misas que estos realizaban, la fundación de memorias perpetuas, así como los matrimonios que afianzan con otras familias de la burguesía y nobleza local. El bisabuelo de don Benito Salonarde de Torres, también antepasado nuestro, casó con Catalina Isabel de Xábaga, vecina de Barchín del Hoyo. De este matrimonio saldrán diferentes ramas que se expandirán por estas tierras, no obstante, hemos de añadir que existía otra línea, perteneciente en su origen a la misma familia, y que esperamos poder investigar con mayor calma en un futuro.

Valgan pues estas meras notas, como un primer paso para conocer a fondo, una familia sobre la que muy poco o prácticamente nada se ha escrito, pero sobre la que hay una nutrida cantidad de información por analizar.

David Gómez de Mora