martes, 30 de junio de 2015

El verano de 2015. Sus inicios en Vinaròs

Las previsiones meteorológicas nos indican que viviremos un verano más caluroso de lo habitual, y lo cierto es que esta cuestión, creo que a estas alturas ya es algo que casi nadie pone en tela de juicio.

Aun así, tampoco hemos de olvidar que la entrada de olas de aire cálido en junio, es algo muy propio de nuestro clima mediterráneo. Simplemente hemos de ir hasta el mismo mes del año 2012, y recordar como entre los días 24-27 de junio, en algunas poblaciones de la Península Ibérica se superaron más de 40º por el mismo motivo.

Sabemos que desde 1975 hemos sufrido alrededor de 80 olas de calor, destacando la histórica de 2003, y que se extendió durante más de dos semanas, causando miles de fallecidos por nuestro continente.

Sin lugar a dudas los datos están ahí, y del mismo modo, mayo ha repercutido en el junio que dejamos atrás, pues el final de la primavera despedazó registros, motivo por el que las altas temperaturas, como la escasa cantidad de precipitación, fueron las principales características por el que siempre lo recordaremos. Igualmente, en junio hemos seguido con esa situación de calor, a la vez que las lluvias sólo se han producido en un par de jornadas -cifra escasa pero suficiente como para concentrar más de 80 mm.-

Esperamos ver con más calma los datos de los siguientes meses, y sacar conclusiones al respecto, no obstante, de lo que no cabe la menor duda, es que en las próximas semanas entrarán varias olas de aire caliente que dispararán el mercurio, además de que dominarán los vientos de latitudes bajas, y posiblemente apreciemos una mayor actividad eléctrica, como consecuencia de las lluvias de tipo convectivo, tan propias de nuestra estación veraniega.

David Gómez de Mora

lunes, 29 de junio de 2015

Las criptas del convento de San Francisco


Los últimos trabajos de excavación han sacado a la luz los restos de un nuevo lugar de enterramiento dentro del convento de franciscanos de nuestra localidad.

Hasta la fecha teníamos constancia de una cripta, que sobre una losa lleva inscrita el año de fundación del edificio (1662), aunque en éste nos estamos refiriendo a un nuevo lugar de enterramiento, adjunto al conocido, del que como mínimo ya han podido contabilizarse una docena de cuerpos.

La importancia que representaba estar enterrado en una iglesia, o como en este caso, dentro de un convento, era fundamental para los miembros de las familias más destacadas de cada lugar. Pues además de estar dentro de un templo -tal y como hacían los reyes-, ello les permitía saber a sus descendientes el lugar exacto en el que se encontraban sus antepasados, ya que en el antiguo cementerio, los cuerpos no eran enterrados dentro de nichos como hoy estamos acostumbrados a ver, sino que en fosas o zanjas, en las que se llegaban a amontonar cuerpos con el transcurso de las diferentes épocas. Simplemente hemos de ver como en el modesto cuadrilátero de unos 900 metros cuadrados que tenía el fossar de la hoy calle de San Ramón, se enterraron durante varios siglos buena parte de los difuntos de la localidad.

Esto motivo que la gente con un mayor poder económico, y que representaban los niveles más altos de la pirámide social (nobleza, burguesía y clero), optaran por elegir lugares menos congestionados, y en los que a diferencia de los cementerios del pueblo, podían erigir una lápida en la que quedara constancia de su nombre y apellidos, año e incluso profesión, de manera que hubiera muestras de la importancia que aguardó aquel linaje, y así identificar el espacio concreto en el caso de que algún miembro de esa estirpe quisiera saberlo.

En muchos municipios de nuestro país las iglesias comenzarán a quedarse pequeñas. Conocemos casos, como sucede en Buenache de Alarcón, donde parece ser que todo el suelo del templo estaría destinado a guardar el cuerpo de los difuntos, a través de espacios rectangulares, en los que cada familia compraba su porción.

Igualmente sucederá en nuestra localidad, donde familias de la pequeña nobleza dejarán constancia de su presencia, es el caso de los Gavaldà, Miralles (probablemente la rama de los Miralles d’en Jaume) o los destacados Febrer de la Torre.

Por un lado esto representará una muestra de la riqueza que atesoran estos linajes, y en los que había una clara seña de exaltación o propaganda social, que todavía tiene sus reminiscencias en el período medieval.


David Gómez de Mora