jueves, 5 de marzo de 2015

El ocio en la nobleza. El billar y el ajedrez

Seguro que muchos de nosotros alguna vez hemos oído diferentes expresiones tales como “hacer la pelota”, “así se las ponían a Fernando VI” o la de “si un gobernante no entiende al Ajedrez, ¿Cómo puede gobernar él un reinado?”...

Lo cierto es que todas ellas tienen algo que ver con la nobleza, y en especial sobre los dos juegos que en este artículo vamos a esbozar.

Para muchas personas el origen de la expresión hacer la pelota podría estar relacionado con aquellos aristócratas que cuando jugaban  una partida al billar contra el monarca, intentaban dejar la bola (o tal y como se denominaba en aquella época en este país -pelota-),  en un lugar cercano al orificio para que luego a éste le resultara mucho más fácil introducir, o también facilitarle la carambola (dependiendo de la modalidad que se tratase). Fenómeno idéntico sucedía con Fernando VII, un gran aficionado de este juego, y a quien muy a menudo sus rivales le dejaban preparada la jugada.
           
En el ajedrez ocurría algo similar, aunque la seriedad y el prestigio con el que muchos se implicaban, hacía que un notable número de jugadores lo interpretaran como un escenario que simulaba la propia vida del pueblo, de ahí que el mismo Rey Khusro II entendiera que este juego era una ejemplificación de la sociedad que existía en aquella época, hasta el punto de que el gobernante que no entendiese su simbolismo era incapaz de llevar las riendas de su Reino.

Luis XIV de Francia jugando al billar (grabado francés)

Respecto al billar sabemos que se trata de un juego difundo en círculos cerrados del ámbito nobiliario. Su origen es europeo, aunque éste todavía sigue disputándose entre franceses e ingleses. Lo que sí está claro, es que Luis XI lo practicaba con asiduidad. Del mismo modo Luis XIII se convertirá en un gran aficionado, siendo quien le dará una mayor difusión entre los cortesanos.

Pero sin lugar a dudas el ajedrez podría definirse como el juego que ya desde tiempos más lejanos mantendrá entretenida a la aristrocracia, siendo prácticamente relegado sólo a este grupo social hasta el siglo XVIII, ya que sus mayores seguidores serán nobles y clérigos cristianos. Dicha centuria marcará un punto de inflexión, puesto que a partir de la misma, el ajedrez comenzará a extenderse entre todos los eslabones de la población.

Si en la corte de Felipe II tuvo muchos adeptos, ya desde tiempo antes (durante la baja edad media), la influencia árabe jugará un papel muy importante hasta hacerlo llegar a todas las casas reales de Europa.

Simplemente hay que recordar el “libro del ajedrez, dados y tablas”, ordenado por Alfonso X el sabio durante la segunda mitad del siglo XIII. Una obra con casi un centenar de páginas y 150 ilustraciones, que junto con problemas de ajedrez, acabará conociéndose por todo el viejo continente. En este libro también se habla del backgammon, un juego de mesa muy querido y practicado por la nobleza del momento.



 Una partida de ajedrez entre nobles extraida del Ludus scacchórum

Son muchas las partidas que se han registrado, y que han marcado un antes y un después en la historia de este juego, aunque sin lugar a dudas,  hay una de ellas que se lleva la palma. En este enfrentamiento tendremos la presencia de tres personajes, dos de ellos pertenecientes a la nobleza. Concretamente será la partida efectuada entre un hombre que según diversos grandes maestros, han llegado a considerarlo como el mejor jugador que ha habido hasta el momento en toda la historia de este juego: Paul Morphy, contra dos oponentes aristócratas, el Duque de Brunswick y el Conde de Isouard, quienes de modo combinado realizaron una partida en la ópera de París, mientras se realizaba un descanso de la representación del “Barbero de Sevilla”, en el palco del mencionado Duque.

De esta partida, el célebre ajedrecista húngaro Géza Maróczy, llegó a calificarla como una de las mejores y bonitas que se han sucedido en la historia de este juego. El resultado fue la victoria del genio norte-americano.

Dejamos a continuación este enlace, en el que se describe con perfecta precisión, la manera en la que se desarrolló el histórico duelo: https://www.youtube.com/watch?v=KQedoKen3Ic



David Gómez de Mora

Epidemias en el área de Vinaròs durante el siglo XV

Los registros de la Orden de Montesa reflejan la evolución de la población durante el siglo XV. Y lo cierto es que en esa centuria se viven diversas situaciones que dibujan un período repleto de pérdida y estancamiento demográfico. Un fenómeno fácil de entender, si tenemos en cuenta que el siglo XIV fue mucho más duro ante la aparición de riesgos biológicos de esta índole, y que quedan perfectamente reflejados en los datos de localidades vecinas, como sucede en el caso de Benicarló, Peníscola o Sant Mateu.

Sabemos que la peste y los intervalos climatológicamente adversos, se traducirán en una fuerte mortalidad, que imposibilitará un crecimiento de las nuevas alquerías cristianas, y que a su vez repercutiría en la economía de la zona, de ahí que la capacidad de recuperación y consecuente aumento demográfico sea uno de los principales inconvenientes a los que se verán afectadas aquellas personas, y que en muchas ocasiones se transforma en estancamientos, en los que se detecta como en cuestión de décadas el número de habitantes no sufre grandes cambios, a pesar de que la natalidad fuese bastante elevada. Posiblemente ese será el escenario por el que pasará nuestra localidad durante el siglo XV.


El triunfo de la muerte (Brueghel)

Ya hemos comentado en más de una ocasión que a mediados de dicha centuria teníamos la sospecha de que algunos brotes de la peste podían haber sido los responsables, no obstante, en esta ocasión nos hemos topado con una cita documental de notable interés, en la que para suerte nuestra, se hace una mención directa a dicho fenómeno. Concretamente a través de un texto presente en un documento del Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, donde en una carta que envía la reina María a los consejeros de la ciudad condal, la monarca está un poco molesta por tener que cambiar las cortes ya que según parece en 20 días no se había muerto nadie de peste.

Ello nos evidencia una vez más que este tipo de fenómenos fueron una realidad a la que se tuvieron que enfrentar las poblaciones de esta franja territorial, pero que como resultado de que nos movernos en un período bastante complejo de estudio (debido en parte tanto a la paleografía como a la escasez de información documental que se conserva en este lugar), hacen que simplemente sólo podamos intuirlos mediante parámetros indirectos, pero que en ocasiones, sirven para esclarecer y despejar diversos interrogantes que se puedan ir presentando.

Tengamos en cuenta que la exposición geográfica (mar y tierra) en la que se encuentra el enclave de Vinaròs, lo convertirían en un espacio más propenso en cuanto al riesgo de recibir un contagio de este tipo. Si a ello añadimos las precarias medidas de higiene que se desarrollaba dentro de una modesta trama urbanísticamente cerrada, tenemos pues suficientes argumentos, que ayudan a entender la propagación y consecuencias de las epidemias en lugares como este.


David Gómez de Mora

Els benefactors del convent de Sant Francesc de Vinaròs

Sense cap mena de dubte un dels personatges més destacables de la societat vinarossenca del segle XVII serà Guillem Noguera i Andreu, un mercader burgès que passarà a ser conegut per la seva aportació com a benefactor de l'antic convent de Sant Francesc.

Rafels García ens diu que Guillem li va dir a la seva dona Isabel Navarro Oliver “joiosos nosaltres, que de la hisenda que ens ha donat el cel, no ens hem edificat cases sumptuoses per al nostre estatge, sinó per a Déu i per a habitació de sants” (39-40)

Els descendents d'aquest matrimoni entroncaran amb successius llinatges de la noblesa local d'aquesta terra, fenomen que li donarà una major importància a aquesta nissaga, i que comptarà amb un pes important en l'alta societat municipal entre aquest segle i els dos posteriors.

Només com a exemple cal citar que Guillem Noguera era besavi del militar Josep Carlos Esteller, el qual va aconseguir el cos del màrtir Sant Valent de la Arxiprestal. Sabem que l'escut d'armes que van col·locar en el convent pertany a una de les branques gallegues del llinatge dels “Nogueira”, motiu pel qual el blasó està partit en dues casernes en el que es pot apreciar al primer cuartell en camp d'or una noguera de sinople, mentres que al segon, en camp de plata hi ha deu calderes de sable, posades en tres, tres, tres i una.


Armes de los Nogueira (tienda-medieval.com)

Fins al moment desconeixem la genealogia de Guillem, doncs certament és que a ell se li tracta com mercader, en lloc de ciutadà noble, a més de que era oriünd de Lloret de Mar, cosa a priori difícil d'assimilar amb el llinatge gallec, i que passa a convertir-se en una qüestió que amb anterioritat ja ha estat plantejada per Santiago Roig (2008, 56), en el seu treball sobre el Molí de Noguera. Encara així, sempre queda oberta la possibilitat que aquest previament en arribar a Catalunya procedís d'aquest lloc, és per això que seria necessari intentar analitzar amb un major deteniment les arrels d'aquest personatge.

El que si sabem és que els “Nogueira” -gallecs-, d'acord als vells tractats heràldics, diuen que algunes de les seves branques són descendents de don Mendo Paes Nogueira, el qual va ser nebot de don Mendo Nogueira, i al seu torn cavaller templari a la fi del segle XI.
           

David Gómez de Mora