lunes, 23 de noviembre de 2015

El poder territorial de los nobles

Normalmente, cuando escuchamos la palabra Reconquista siempre nos viene a la mente la figura de Jaime I y de su entrada en Valencia el otoño de 1238, o la imagen de Blasco de Alagón, tan importante en el territorio castellonense. Pero, ¿qué suponía realmente la Reconquista?

No fue sólo el ataque y posterior subyugación del “infiel”, sino el inicio de un nuevo modelo de control y ordenamiento del territorio. Castillos, torres y caminos pasaban ahora a las manos de todos aquellos que se habían ganado el favor real acudiendo a la batalla: básicamente los nobles de la Corona y las órdenes militares. Estos fueron los herederos del que sería su propio futuro.

Podríamos nombrar a familias como los Montcada, los Pròxita, Centelles, etc., o la Orden de Montesa, heredera en parte del Temple, como los principales actores del nuevo espacio político, pero nos dejaríamos a muchos más. Todos ellos se convertirían en los señores del territorio castellonense.
  
Como pago por los servicios militares prestados al monarca, el noble adquiría un castillo −que muchas veces era musulmán−, en donde se establecía y ejercía su poder en un radio de control. Poco a poco, este noble tendía a aumentar su prestigio realizando casamientos ventajosos entre sus hijos, esperando poder ampliar su patrimonio y por tanto su área de influencia. Pero esto tenía sus inconvenientes, pues originaba conflictos entre diferentes familias nobles, que temían ver mermadas sus posesiones, desembocando muchas veces  en un conflicto armado.

En este sentido, el papel que juega la nobleza a la hora de administrar el espacio geográfico, es una labor crucial. Los señoríos serán lugares desde los que se ejercerá una enorme presión política como judicial. Historiadores como José Antonio Gómez Sanjuán hablaban de un antiguo señorío en esta tierra con la llegada de Raymundo de Alós, así como incluso posteriormente con Perot Sancho, no obstante el problema de origen radica en la fuente en la que son citados ambos personajes, ya que para muchos historiadores las trovas de Mossèn Jaume Febrer son apócrifas. Aunque, rompiendo una lanza a favor de Gómez Sanjuán, también es igual de cierto que en documentación anterior a la primera toma de Peníscola, los Alós ya aparecen como colaboradores en el proceso reconquistador.

El debate de si tuvimos o no un señorío medieval, o una especie del mismo, es una cuestión que debería tratarse en otro artículo. A nosotros lo que ciertamente más nos interesa en estos momentos, sería saber que familias pudieron estar interesadas en formar parte de la reconquista durante aquellas primeras fechas por nuestras tierras.

Es muy posible que algunos de los linajes que aparecen censados ya en los primeros años del siglo XIII, sean algunos de aquellos personajes que pondrían sus ojos en el interés de controlar este territorio.

En este sentido sería muy importante desviar nuestra atención en la localidad de Peníscola, pues recordemos que será en este municipio donde hasta el final de la Edad de Media, se dirigía y controlaba en cierta medida, muchos de los aspectos socioeconómicos que afectaban a la sociedad vinarocense.



David Gómez de Mora

domingo, 13 de septiembre de 2015

El turismo de aguas

El gusto por las aguas como espacio de relajación, es una actividad con unas raíces bastante hondas en nuestra cultura europea. Sabemos que las clases altas de las antiguas sociedades griegas y romanas, veían con buenos ojos el placer de las termas, y las propiedades que podían aportar para el cutis o incluso la propia salud.

En nuestro país, será a partir del siglo XVIII cuando esta actividad comienza a tener seguidores, disparándose su influencia durante la centuria siguiente.
           
El nacimiento de una nueva burguesía que desea asemejarse y superar el modo de vida de la nobleza, permitirá que aficiones como ésta, comiencen a ser una demanda, que interesarán a quienes puedan acceder a la misma. Siendo en realidad un espacio desde el que se puede desempeñar una distracción, distintiva y que obviamente no estaba al alcance de todos.

Igualmente los estudios sobre las propiedades del agua comenzaban a incrementarse, tanto es así, que si tan siquiera salir de nuestra localidad, vemos como diferentes autores van tratando las propiedades saludables del agua..., ya incluso con anterioridad, es el caso del médico vinarocense Juan José López. Este tipo de aspectos interesarán notablemente a las clases altas, de ahí que no sea casual que el famoso Duque de Vendôme (y que como bien sabemos falleció en Vinaròs), llegó a interesarse por la presente en las montañas de Benassal. La calidad y demanda de este agua que ya se afirmaba que tenía propiedades curativas, ayudó a que se abriera un camino a mitad para poder comercializarla.

El interés por el turismo y consumo de agua con propiedades minerales será una constante que alcanzará cuotas ascendentes, generando un boom durante el siglo XIX. Este tipo de elementos lo veremos reflejado incluso en la medicina local, como sucede con la saga de los doctores Vizcarro, quienes se dedicarán entre sus muchas vías de investigación,  a las peculiaridades del agua, y los diferentes problemas de salud que comportaba la ingestión de bebidas alcohólicas, o los hábitos saludabes que ayudaban a disfrutar de una mejor calidad de vida.

Como decimos, la preocupación por este tipo de enclaves era una necesidad que se proyectaba en muchas ciudades. En nuestro caso sabemos como el turismo de aguas comienza a ganar sus adeptos en las zonas cercanas a Vinaròs, en una primera etapa, sus destinatarios eran gentes del ámbito nobiliario o bien posicionados, que a medida que fueron esparciéndose entre la nueva burguesía emergente, consiguió que se abrieran mucho más al público.

Balneario Miramar. Vinapedia

A poco más de cuarenta kilómetros de aquí estaba el balneario de Catí (vigente a día de hoy), el cual hasta entrada la primera mitad del siglo XX pertenecía al noble Barón de Casablanca. Del mismo modo, podríamos hablar de otros puntos que existían en el interior de Castellón, como en la zona de Tarragona, que atraían gentes de lugares muy lejanos. Poco a poco, este tipo de turismo fue dejando de ser elitista, y se construyeron diferentes estructuras que permitían una mayor acogida, cuya calidad dependería del precio que pagaba el usuario.

En el caso de Vinaròs será durante los inicios del siglo XX, concretamente en el año 1916, cuando se inauguraron los baños Miramar. En este caso las instalaciones eran asequibles, ya que por unos 20 céntimos de peseta la gente podía bañarse, así como incluso comprar un bono para quienes desearan acudir con mayor asiduidad.



David Gómez de Mora

Los baños en la antigüedad

La preocupación por ofrecer una mejor imagen o aspecto físico, será sin duda una de las consecuencias que fomentarán el disfrute de los baños de sal. Un lujo que antaño sólo estaba al alcance de las clases más pudientes, entre los que se encontraba la nobleza. Sabemos por ejemplo, que ya en el antiguo Egipto, Cleopatra disfrutaba de este ejercicio relajante. De igual modo sucedía en la sociedad helena, donde el acceso a los baños con aceites era propio de aquellas gentes con poder económico.

Las propiedades de baños (como sucedía con los de leche), además de la mencionada Reina de Egipto, también los desempeñaron los patricios romanos. Bien conocido es el gusto por esta afición de la esposa de Nerón. Y ello igual sucedió con aquellos que preferían el uso de sales de roca. Tal era su exclusividad que algunos hablaban de sales de reyes.

Sabemos que a finales del siglo XVIII (y con más fuerza en la centuria siguiente), la nobleza y la burguesía comienzan a tener una predilección por los balnearios. A raíz de ahí, surgirán diferentes lugares que hasta el día de hoy son un  referente en el ocio acuático, bien por características minerales, termales y demás particularidades, que le otorgaran una seña distintiva y de calidad.

En nuestro país los baños de sal marina y de aguas minerales cobrarán interés a finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. En aquellas fechas todavía seguían siendo una actividad al alcance de muy pocos, pues sólo hemos de recordar que por aquellos tiempos muchas viviendas ni tan siquiera disponían de una simple bañera.

  



David Gómez de Mora

martes, 30 de junio de 2015

El verano de 2015. Sus inicios en Vinaròs

Las previsiones meteorológicas nos indican que viviremos un verano más caluroso de lo habitual, y lo cierto es que esta cuestión, creo que a estas alturas ya es algo que casi nadie pone en tela de juicio.

Aun así, tampoco hemos de olvidar que la entrada de olas de aire cálido en junio, es algo muy propio de nuestro clima mediterráneo. Simplemente hemos de ir hasta el mismo mes del año 2012, y recordar como entre los días 24-27 de junio, en algunas poblaciones de la Península Ibérica se superaron más de 40º por el mismo motivo.

Sabemos que desde 1975 hemos sufrido alrededor de 80 olas de calor, destacando la histórica de 2003, y que se extendió durante más de dos semanas, causando miles de fallecidos por nuestro continente.

Sin lugar a dudas los datos están ahí, y del mismo modo, mayo ha repercutido en el junio que dejamos atrás, pues el final de la primavera despedazó registros, motivo por el que las altas temperaturas, como la escasa cantidad de precipitación, fueron las principales características por el que siempre lo recordaremos. Igualmente, en junio hemos seguido con esa situación de calor, a la vez que las lluvias sólo se han producido en un par de jornadas -cifra escasa pero suficiente como para concentrar más de 80 mm.-

Esperamos ver con más calma los datos de los siguientes meses, y sacar conclusiones al respecto, no obstante, de lo que no cabe la menor duda, es que en las próximas semanas entrarán varias olas de aire caliente que dispararán el mercurio, además de que dominarán los vientos de latitudes bajas, y posiblemente apreciemos una mayor actividad eléctrica, como consecuencia de las lluvias de tipo convectivo, tan propias de nuestra estación veraniega.

David Gómez de Mora

lunes, 29 de junio de 2015

Las criptas del convento de San Francisco


Los últimos trabajos de excavación han sacado a la luz los restos de un nuevo lugar de enterramiento dentro del convento de franciscanos de nuestra localidad.

Hasta la fecha teníamos constancia de una cripta, que sobre una losa lleva inscrita el año de fundación del edificio (1662), aunque en éste nos estamos refiriendo a un nuevo lugar de enterramiento, adjunto al conocido, del que como mínimo ya han podido contabilizarse una docena de cuerpos.

La importancia que representaba estar enterrado en una iglesia, o como en este caso, dentro de un convento, era fundamental para los miembros de las familias más destacadas de cada lugar. Pues además de estar dentro de un templo -tal y como hacían los reyes-, ello les permitía saber a sus descendientes el lugar exacto en el que se encontraban sus antepasados, ya que en el antiguo cementerio, los cuerpos no eran enterrados dentro de nichos como hoy estamos acostumbrados a ver, sino que en fosas o zanjas, en las que se llegaban a amontonar cuerpos con el transcurso de las diferentes épocas. Simplemente hemos de ver como en el modesto cuadrilátero de unos 900 metros cuadrados que tenía el fossar de la hoy calle de San Ramón, se enterraron durante varios siglos buena parte de los difuntos de la localidad.

Esto motivo que la gente con un mayor poder económico, y que representaban los niveles más altos de la pirámide social (nobleza, burguesía y clero), optaran por elegir lugares menos congestionados, y en los que a diferencia de los cementerios del pueblo, podían erigir una lápida en la que quedara constancia de su nombre y apellidos, año e incluso profesión, de manera que hubiera muestras de la importancia que aguardó aquel linaje, y así identificar el espacio concreto en el caso de que algún miembro de esa estirpe quisiera saberlo.

En muchos municipios de nuestro país las iglesias comenzarán a quedarse pequeñas. Conocemos casos, como sucede en Buenache de Alarcón, donde parece ser que todo el suelo del templo estaría destinado a guardar el cuerpo de los difuntos, a través de espacios rectangulares, en los que cada familia compraba su porción.

Igualmente sucederá en nuestra localidad, donde familias de la pequeña nobleza dejarán constancia de su presencia, es el caso de los Gavaldà, Miralles (probablemente la rama de los Miralles d’en Jaume) o los destacados Febrer de la Torre.

Por un lado esto representará una muestra de la riqueza que atesoran estos linajes, y en los que había una clara seña de exaltación o propaganda social, que todavía tiene sus reminiscencias en el período medieval.


David Gómez de Mora    

sábado, 9 de mayo de 2015

La aristocracia

El concepto aristocracia puede entenderse de diversas maneras. Por un lado tendríamos su significado dentro del campo de la política, así como otro en lo que concibe al ámbito de la nobleza. De todos modos, tampoco supondría un error plantear que ambas definiciones llegan a converger, hasta el grado de afirmar que hablamos de una misma cosa, especialmente si nos estamos moviendo en un marco cronológico de hace varios siglos de antigüedad.

            En el campo de las ciencias políticas la antigua aristocracia (básicamente la definida por Platón), es aquella en la que los hombres más destacados de una sociedad pueden dirigir las riendas del territorio que representan. La propia palabra ya nos lo indica, pues ésta deriva del griego “aristos” (el mejor) y “kratos” (gobierno).

            Con el trascurso del tiempo la etimología servirá para designar a aquellas personas que debido a su capacidad cultural y grado de inteligencia, son aptas para desarrollar tales funciones políticas, independientemente de su posición social, pues tengamos en cuenta que la segunda forma de asignar el concepto aristocracia es el que se refiere al eslabón de la nobleza, es decir, personas que por méritos personales o debido al derecho que poseyeron sus antepasados, han sido reconocidos por la corona como miembros de su mismo estatus.

Henri de Brouckère. Noble dedicado a la política y a la enseñanza universitaria.

            También veremos como la definición va adoptando diferentes cambios, pues hoy, además de lo anteriormente dicho, dentro de lo que sería el concepto aristocracia habría que incluir a gentes de clases altas (independientemente de su historial genealógico o la vinculación que ellos o sus antepasados han guardado con el mundo de la política). En este grupo habría que sumar aquellas personas pertenecientes a una familia que durante varias generaciones han destacado en determinados aspectos, y que nos han llevado a hablar de un linaje, consolidado por el transcurso de varias generaciones.

Surge pues a raíz de esta cuestión el debate de si lo que en otros tiempos definiríamos como burguesía, en la actualidad pasaría a englobar el selecto grupo de la aristocracia…

Durante la época greco-romana los banquetes serán uno de los eventos más importantes que acentuarán el elitismo aristocrático de las clases poderosas. En la izquierda, imagen de un fresco en el que se ilustra un banquete, aparecido en la casa Amante de las ruinas de Pompeya. En la derecha, imagen de un banquete medieval.

Para Platón la aristocracia era un gobierno de escasos miembros, formado por representantes de la nobleza, que en el momento en que pasaban a corromperse podían denominarse como integrantes de la oligarquía.

            Obviamente cuando hablamos de ambos colectivos, nos encontramos ante sectores muy diferentes, pero que ciertamente no vamos a negar que guardan muchos puntos en común, pues siempre existió esa relación entre poder económico – dominio político, de ahí que de la aristocracia a la oligarquía hubiera un pequeño paso. En este sentido, desde la aristocracia platónica o también llamada “arethe” / “arete”; - palabra ambigua en su uso y que significa “excelencia” en alusión al gobierno de los mejores-, usualmente estaba formada por los varones miembros de familias nobles.

            La cualidad que representa el arete se entiende como una virtud que se hereda. Esta visión sobre la capacidad de conseguir un reconocimiento que pasa a distinguir o etiquetar a las personas en un colectivo noble u otro, es la misma que veremos en centurias posteriores tras el período de la reconquista y sus siglos venideros, en los que la pertenencia a un linaje y el hecho de portar un apellido, favorecerá una serie de privilegios que no todo el mundo obtendrá.

            Todavía observaremos múltiples paralelismos entre la manera de entender la nobleza de la época de los griegos, respecto a la que nuestros antepasados poseían en el Medievo. Una de esas maneras sería la calidad de sus vestimentas, puesto que representaban una herramienta para distinguirse del resto de los ciudadanos a simple vista. Otro rasgo será cierto desapego hacia las nuevas clases altas emergentes, que sin entrar en contacto con el mundo de la guerra, habían acaudalado muchas riquezas gracias fundamentalmente a sus éxitos comerciales. Esos nuevos ricos serán tan mal vistos en algunos casos, que desde el punto de vista social prevalecerá siempre por encima el noble que a pesar de haber perdido su poder adquisitivo, puede confirmar que porta sangre de un antepasado perteneciente a la aristocracia, en detrimento de un acaudalado negociante, que en cuestión de una o dos generaciones ha pasado de tener poco o nada, a un nivel de vida muy superior al de la media.

            Y es que el hecho de ser noble, ya no sólo era visto como un mero calificativo que evitaba librarse de pagar determinados impuestos, sino que un reconocimiento permanente que de modo constante le indicaba a la gente la posición o rango social en la que se encontraba cada uno.

            En el sentido militar, es posiblemente donde encontramos una relación más estrecha entre la designación de ambas épocas, pues eran los guerreros quienes por sus hazañas, podían conseguir aquel privilegio. Los primeros porque ya entendían que el hecho de ser descendientes de sus Dioses, les otorgaba ciertas cualidades para la guerra, y que los miembros del pueblo llano jamás podrían poseer. Así como del mismo modo, durante la reconquista, las familias de caballeros que participan con éxito en las batallas, serán obsequiadas con la distinción de noble, así como en algunos casos con tierras y títulos.

David Gómez de Mora

jueves, 5 de marzo de 2015

El ocio en la nobleza. El billar y el ajedrez

Seguro que muchos de nosotros alguna vez hemos oído diferentes expresiones tales como “hacer la pelota”, “así se las ponían a Fernando VI” o la de “si un gobernante no entiende al Ajedrez, ¿Cómo puede gobernar él un reinado?”...

Lo cierto es que todas ellas tienen algo que ver con la nobleza, y en especial sobre los dos juegos que en este artículo vamos a esbozar.

Para muchas personas el origen de la expresión hacer la pelota podría estar relacionado con aquellos aristócratas que cuando jugaban  una partida al billar contra el monarca, intentaban dejar la bola (o tal y como se denominaba en aquella época en este país -pelota-),  en un lugar cercano al orificio para que luego a éste le resultara mucho más fácil introducir, o también facilitarle la carambola (dependiendo de la modalidad que se tratase). Fenómeno idéntico sucedía con Fernando VII, un gran aficionado de este juego, y a quien muy a menudo sus rivales le dejaban preparada la jugada.
           
En el ajedrez ocurría algo similar, aunque la seriedad y el prestigio con el que muchos se implicaban, hacía que un notable número de jugadores lo interpretaran como un escenario que simulaba la propia vida del pueblo, de ahí que el mismo Rey Khusro II entendiera que este juego era una ejemplificación de la sociedad que existía en aquella época, hasta el punto de que el gobernante que no entendiese su simbolismo era incapaz de llevar las riendas de su Reino.

Luis XIV de Francia jugando al billar (grabado francés)

Respecto al billar sabemos que se trata de un juego difundo en círculos cerrados del ámbito nobiliario. Su origen es europeo, aunque éste todavía sigue disputándose entre franceses e ingleses. Lo que sí está claro, es que Luis XI lo practicaba con asiduidad. Del mismo modo Luis XIII se convertirá en un gran aficionado, siendo quien le dará una mayor difusión entre los cortesanos.

Pero sin lugar a dudas el ajedrez podría definirse como el juego que ya desde tiempos más lejanos mantendrá entretenida a la aristrocracia, siendo prácticamente relegado sólo a este grupo social hasta el siglo XVIII, ya que sus mayores seguidores serán nobles y clérigos cristianos. Dicha centuria marcará un punto de inflexión, puesto que a partir de la misma, el ajedrez comenzará a extenderse entre todos los eslabones de la población.

Si en la corte de Felipe II tuvo muchos adeptos, ya desde tiempo antes (durante la baja edad media), la influencia árabe jugará un papel muy importante hasta hacerlo llegar a todas las casas reales de Europa.

Simplemente hay que recordar el “libro del ajedrez, dados y tablas”, ordenado por Alfonso X el sabio durante la segunda mitad del siglo XIII. Una obra con casi un centenar de páginas y 150 ilustraciones, que junto con problemas de ajedrez, acabará conociéndose por todo el viejo continente. En este libro también se habla del backgammon, un juego de mesa muy querido y practicado por la nobleza del momento.



 Una partida de ajedrez entre nobles extraida del Ludus scacchórum

Son muchas las partidas que se han registrado, y que han marcado un antes y un después en la historia de este juego, aunque sin lugar a dudas,  hay una de ellas que se lleva la palma. En este enfrentamiento tendremos la presencia de tres personajes, dos de ellos pertenecientes a la nobleza. Concretamente será la partida efectuada entre un hombre que según diversos grandes maestros, han llegado a considerarlo como el mejor jugador que ha habido hasta el momento en toda la historia de este juego: Paul Morphy, contra dos oponentes aristócratas, el Duque de Brunswick y el Conde de Isouard, quienes de modo combinado realizaron una partida en la ópera de París, mientras se realizaba un descanso de la representación del “Barbero de Sevilla”, en el palco del mencionado Duque.

De esta partida, el célebre ajedrecista húngaro Géza Maróczy, llegó a calificarla como una de las mejores y bonitas que se han sucedido en la historia de este juego. El resultado fue la victoria del genio norte-americano.

Dejamos a continuación este enlace, en el que se describe con perfecta precisión, la manera en la que se desarrolló el histórico duelo: https://www.youtube.com/watch?v=KQedoKen3Ic



David Gómez de Mora

Epidemias en el área de Vinaròs durante el siglo XV

Los registros de la Orden de Montesa reflejan la evolución de la población durante el siglo XV. Y lo cierto es que en esa centuria se viven diversas situaciones que dibujan un período repleto de pérdida y estancamiento demográfico. Un fenómeno fácil de entender, si tenemos en cuenta que el siglo XIV fue mucho más duro ante la aparición de riesgos biológicos de esta índole, y que quedan perfectamente reflejados en los datos de localidades vecinas, como sucede en el caso de Benicarló, Peníscola o Sant Mateu.

Sabemos que la peste y los intervalos climatológicamente adversos, se traducirán en una fuerte mortalidad, que imposibilitará un crecimiento de las nuevas alquerías cristianas, y que a su vez repercutiría en la economía de la zona, de ahí que la capacidad de recuperación y consecuente aumento demográfico sea uno de los principales inconvenientes a los que se verán afectadas aquellas personas, y que en muchas ocasiones se transforma en estancamientos, en los que se detecta como en cuestión de décadas el número de habitantes no sufre grandes cambios, a pesar de que la natalidad fuese bastante elevada. Posiblemente ese será el escenario por el que pasará nuestra localidad durante el siglo XV.


El triunfo de la muerte (Brueghel)

Ya hemos comentado en más de una ocasión que a mediados de dicha centuria teníamos la sospecha de que algunos brotes de la peste podían haber sido los responsables, no obstante, en esta ocasión nos hemos topado con una cita documental de notable interés, en la que para suerte nuestra, se hace una mención directa a dicho fenómeno. Concretamente a través de un texto presente en un documento del Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, donde en una carta que envía la reina María a los consejeros de la ciudad condal, la monarca está un poco molesta por tener que cambiar las cortes ya que según parece en 20 días no se había muerto nadie de peste.

Ello nos evidencia una vez más que este tipo de fenómenos fueron una realidad a la que se tuvieron que enfrentar las poblaciones de esta franja territorial, pero que como resultado de que nos movernos en un período bastante complejo de estudio (debido en parte tanto a la paleografía como a la escasez de información documental que se conserva en este lugar), hacen que simplemente sólo podamos intuirlos mediante parámetros indirectos, pero que en ocasiones, sirven para esclarecer y despejar diversos interrogantes que se puedan ir presentando.

Tengamos en cuenta que la exposición geográfica (mar y tierra) en la que se encuentra el enclave de Vinaròs, lo convertirían en un espacio más propenso en cuanto al riesgo de recibir un contagio de este tipo. Si a ello añadimos las precarias medidas de higiene que se desarrollaba dentro de una modesta trama urbanísticamente cerrada, tenemos pues suficientes argumentos, que ayudan a entender la propagación y consecuencias de las epidemias en lugares como este.


David Gómez de Mora

Els benefactors del convent de Sant Francesc de Vinaròs

Sense cap mena de dubte un dels personatges més destacables de la societat vinarossenca del segle XVII serà Guillem Noguera i Andreu, un mercader burgès que passarà a ser conegut per la seva aportació com a benefactor de l'antic convent de Sant Francesc.

Rafels García ens diu que Guillem li va dir a la seva dona Isabel Navarro Oliver “joiosos nosaltres, que de la hisenda que ens ha donat el cel, no ens hem edificat cases sumptuoses per al nostre estatge, sinó per a Déu i per a habitació de sants” (39-40)

Els descendents d'aquest matrimoni entroncaran amb successius llinatges de la noblesa local d'aquesta terra, fenomen que li donarà una major importància a aquesta nissaga, i que comptarà amb un pes important en l'alta societat municipal entre aquest segle i els dos posteriors.

Només com a exemple cal citar que Guillem Noguera era besavi del militar Josep Carlos Esteller, el qual va aconseguir el cos del màrtir Sant Valent de la Arxiprestal. Sabem que l'escut d'armes que van col·locar en el convent pertany a una de les branques gallegues del llinatge dels “Nogueira”, motiu pel qual el blasó està partit en dues casernes en el que es pot apreciar al primer cuartell en camp d'or una noguera de sinople, mentres que al segon, en camp de plata hi ha deu calderes de sable, posades en tres, tres, tres i una.


Armes de los Nogueira (tienda-medieval.com)

Fins al moment desconeixem la genealogia de Guillem, doncs certament és que a ell se li tracta com mercader, en lloc de ciutadà noble, a més de que era oriünd de Lloret de Mar, cosa a priori difícil d'assimilar amb el llinatge gallec, i que passa a convertir-se en una qüestió que amb anterioritat ja ha estat plantejada per Santiago Roig (2008, 56), en el seu treball sobre el Molí de Noguera. Encara així, sempre queda oberta la possibilitat que aquest previament en arribar a Catalunya procedís d'aquest lloc, és per això que seria necessari intentar analitzar amb un major deteniment les arrels d'aquest personatge.

El que si sabem és que els “Nogueira” -gallecs-, d'acord als vells tractats heràldics, diuen que algunes de les seves branques són descendents de don Mendo Paes Nogueira, el qual va ser nebot de don Mendo Nogueira, i al seu torn cavaller templari a la fi del segle XI.
           

David Gómez de Mora