sábado, 4 de noviembre de 2017

Notas sobre el matriarcado en las tierras de Cuenca. El caso de Buenache de Alarcón y Piqueras del Castillo

Consideraba necesario hacer una breve reseña, sobre una cuestión que hasta la fecha casi no ha sido estudiada en la franja territorial que lleva por título este artículo.
Por desgracia cuando hablamos de elementos vinculados con la geografía social a escala municipal, vemos como es abundante la existencia de bibliografía en donde uno puede ver como escasea o llega a ser nula, la influencia adquirida y desempeñada históricamente en esta serie de espacios geográficos por parte de la mujer.

Afortunadamente con el trascurso de las últimas generaciones de historiadores, las tornas han ido cambiando, en parte gracias a los múltiples y variados enfoques críticos que han aflorado, canalizados mediante las diversas visiones que defienden el papel de la mujer en el pasado. Ello sumado a la progresiva aparición de historiadoras que han invertido miles de horas en esta causa tan justa, demuestran la verdadera importancia del fenómeno.

Uno de los principales rasgos de estas antiguas comunidades, era su característica de sociedad matriarcal. Aquellas en las que la mujer protagoniza un claro liderazgo, y que en el ámbito que nos compete está muy bien reflejado.

Si en Euskadi el tema del matriarcado es una cuestión más que conocida y estudiada, deberíamos de saber que en el área castellana, también tuvo su consiguiente influencia. El motivo, respecto al caso de esta zona de la Manchuela, he de decir que seguimos investigándolo. No obstante vemos como durante el siglo XVI llegan a estas localidades diferentes linajes procedentes de tierras vascas, que pudieron acrecentar y ahondar una idea del poder femenino, que perfectamente ya podía venir existiendo, lo cual retroalimentaría más si cabe su papel a nivel familiar. No olvidemos que en casos como el de Piqueras del Castillo, las familias más extendidas, han sido aquellas descendientes de linajes como los Lizcano y los Barambio, ambos de origen hidalgo y procedentes casualmente de las tierras vascas.

Hasta la fecha seguimos estudiando este fenómeno sociológico de nuestra historia, ya que hay muchísima información como para poder presentarse en diversos artículos, a raíz de la documentación relacionada con nuestros antepasados que va apareciendo en el Archivo Diocesano de Cuenca.

Como vemos el fenómeno parece ser global en el entorno, pues en lo que concibe a Buenache de Alarcón, un elemento de enorme peso, es el indiscutible poder de algunas de sus mujeres, puesto que se convierten en fundadoras de diversos vínculos, de los que podríamos estar un rato largo escribiendo algunas de sus particularidades. Debido a la extensión del tema, y reservándonos para futuros escritos, preferimos remitirnos directamente al linaje de los Salonarde. Una familia que estudiamos brevemente en un artículo publicado en este mismo blog a fecha del 2 de abril de 2017. En el repasábamos el rol desempeñado por las representantes de esta familia, hasta el punto de que una tía y su sobrina fueron las segundas grandes empresarias de la economía lanar conquense de aquellos tiempos. Una auténticas emprendedoras del momento, que compitieron con los linajes más poderosos e influyentes de la actual provincia. Nosotros conocimos los detalles de su vida de forma casual, tras realizar diversas indagaciones de nuestro árbol genealógico, por ello me pregunto ¿cuántas mujeres más de estas características habrá y todavía seguimos ignorándolas?

Otro caso de la misma localidad, es la fundación de una capellanía por parte de Isabel Rubio, hermana de nuestra antepasada Quiteria Rubio. Si Isabel consiguió generar una capellanía que luego fue reclamada por los miembros varoniles de la nobleza, su hermana Quiteria casó con don Matías de Buedo, representante de un destacado linaje que junto con los Ruiz de Alarcón controlará las riendas de Buenache. Será a través del enlace y su cuñada Isabel, como los descendientes de su familia podrán optar a la posesión de una de las capellanías más importantes de la historia del municipio. Una serie de estrategias matrimoniales que vislumbran como las mujeres más poderosas acabarán influyendo en la planificación de diferentes enlaces que reforzarán el poder de las élites.

Volviendo al linaje anterior, no debemos de olvidar y comentar sólo como ejemplo, que la famosa “Casa Clemente de Arostegui” de la ciudad de Cuenca, fue pagada por doña Quiteria Salonarde y Salonarde (tal y como confirma la documentación de su venta en 1727), a pesar de que acabaría llevando el apellido de su marido, lo que viene a ser sólo la punta del iceberg... y una “anécdota” más, pero que no hace más que demostrar esa falta de la reseña femenina en nuestra historia.

Y si eso pasaba en una de las grandes familias que influyeron en la sociedad conquense, ¿qué podía suceder en los medios rurales más apartados?

Nuestros estudios genealógicos, nos han permitido a lo largo de los últimos años, poder recabar información, que minuciosamente vamos presentando y analizando. Y en este sentido, vemos como se confirma claramente la misma línea de trabajo en el lugar de Piqueras del Castillo, vecino del referido Buenache, en donde de nuevo la mujer vuelve a tomar un protagonismo destacado.

Aquí lo observamos a través de la figura de los vínculos. Un sistema mediante el que las tierras de una familia o linaje pasaban a formar parte de un mismo conjunto, único e indivisible, para que en el momento de su transmisión no llegara a dispersarse. A cambio, su familiar y consiguiente propietario, solía dedicar una serie de misas, así como algunas ofrendas en memoria de la persona que lo había otorgado, donde además se le solía exigir que portara su apellido, a pesar de que éste le recayera por línea femenina, o incluso se invocara a través de una abuela materna.

En este sentido, serán destacados los vínculos fundados por mujeres de la localidad como fueron María Rodrigo, Catalina López, María de Reyllo, Quiteria Cano, María Gil, Isabel de Moya, Catalina de la Orden, Francisca Gil, María de Nieves y Sabina García. Todas ellas, además de superar hasta la fecha la cifra de vínculos creados por hombres en este lugar, vinieron a representar algunas de las familias más ilustres de la historia de Piqueras, ya que consolidaron el núcleo duro de las élites municipales, representado así su linaje, y que si no era procedente de la pequeña nobleza rural, bien lo hacía a través de la naciente burguesía agrícola y ganadera que tanto peso tuvo en la Castilla de aquellos tiempos.

La importancia de su poder viene reflejada en diferentes fuentes que hemos recogido en nuestros apuntes familiares. Uno de los más repetidos son los testamentos, en donde se da una pequeña muestra de su potencial económico, y que suele reforzarse con el pago de misas y diversas concesiones que éstas realizan antes de fallecer.

El papel de la mujer como propietaria ya no sólo de bienes en vida, sino que incluso llegada la muerte, lo vemos reflejado en el listado de nombres de las criptas de la iglesia de la localidad. En este sentido hemos podido contabilizar como en las tres primeras filas del templo, para la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII, de las 36 tumbas que engloban la parte anexa al altar, y que eran a su vez por ese motivo las más caras, estas se encuentran divididas entre la iglesia, hombres y mujeres, resultando ser 12 propiedad del clero, 9 de los hombres y las restantes 15 de diferentes mujeres de Piqueras.

Sin lugar a dudas pensamos que esto no es una casualidad.

En el presente nos encontramos trabajando diferentes informaciones, que siguen reforzando la tesis del establecimiento de una sociedad matriarcal en estos municipios, de ahí que esperamos poder seguir vaciando referencias de nuestro archivo, que nos permitan concretar con mayor rotundidad, la importancia del papel de la mujer entre los siglos XVI-XVIII, al menos por lo que respecta a nuestras antepasadas y sus parientes, en los lugares de Buenache, Piqueras y sus alrededores.



David Gómez de Mora

lunes, 2 de octubre de 2017

Las fiestas de Piqueras del Castillo hace más de 300 años

No me canso de decir que Piqueras del Castillo es un pequeño pueblo con una gran historia, y desde luego cada vez que vamos analizando con mayor detalle su pasado, vemos como este hecho se confirma y consolida.

En esta ocasión me gustaría dedicar unas líneas a una memorias capitulares de la iglesia, que datan del año 1716, y que encontramos en uno de los muchos libros eclesiásticos referentes al municipio, presentes en el Archivo Diocesano de Cuenca. En el se efectúa una relación de días festivos, algunos de los cuales todavía siguen recordándose, muestra de que estamos ante tradiciones, que cuentan con un largo recorrido.

En sus hojas se detalla cada una de estos actos por meses, tal y como solía hacerse en la mayoría de los libros parroquiales, precisando la fecha, onomástica, así como las personas que la patrocinaban y otra serie de informaciones de enorme interés.

Nada más empezar el año, vemos como era de acontecimiento local, el día del nombre de Jesús, es decir, el 3 de enero. La documentación nos dice que se celebraba una fiesta con una misa, que en su día dejó Domingo Martínez, así como otra pagada por la señora María de Reyllo, y cuyos descendientes herederos debían seguir realizando, como poseedores de los bienes que ésta les dejó.

Comentar que los Reyllo son una de las grandes familias de la pequeña nobleza conquense, que consolidó una estrecha relación con las élites rurales, en algunos casos titulada, tal y como serán los Ruiz de Alarcón. Igualmente decir que este linaje ostentó el control de la alcaldía de Piqueras desde finales del siglo XVI, así como se posicionó entre una de las familias más potentes con las que contó el municipio ya desde inicios del siglo XVII, tal y como lo corrobora la documentación local. (Para conocer con mayor detalle alguna de las líneas genealógicas de los Reyllo, adjunto este articulo publicado hace escasas semanas en al revista digital “el Fortí”, sobre los Reyllo de Buenache de Alarcón: https://www.slideshare.net/ElForti/revista-septiembre-79363899).

La siguiente festividad que seguía en importancia, era la del día de San Sebastián (20 de enero), y que consistía en una procesión que culminaba con una misa hasta la ermita del pueblo. Decir como curiosidad que además de las dos agrupaciones religiosas con las que desde antaño contó la población, y que se veían representadas por su mayordomo, la ermita de San Sebastián tuvo también su propio mayordomo.

Entrado el mes de febrero, el día 2 se celebraba la fiesta de la Purificación. Acto religioso que como era habitual iba acompañado con una misa.

Llegados a marzo otra de las grandes jornadas era la procesión y misa que se efectuaba el día 25, en honor a la Encarnación de Nuestro Señor. Dicha festividad era pagada por el mayordomo de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario.

Durante el mes de abril, vemos como ya goza de enorme simpatía el día de San Marcos Evangelista (25 de abril), y en donde se realizaba una procesión donde se bendecían los hitos municipales que marcaban los lindes de Piqueras mientras se iba cantando las letanías.

Poco después, y ya desde el inicio de mayo, el día 3, se realizaba la fiesta de la Santa Cruz o también conocida con el nombre de “la cruz de mayo”, en la que el mayordomo decía la misa por el Cabildo así como al día siguiente pagaba un réquiem nocturno.

Dependiendo del calendario litúrgico también podía caer en ese mes el día de la Ascensión, lo cual iba seguido de las diferentes celebraciones que marcaban el desarrollo de las fiestas pascuales, y que se efectuaban 40 días después del Domingo de Resurrección, el cual solía caer en el mes anterior, y donde se realizaba una procesión solemne por la localidad.

Igual de importante era la procesión del Corpus Christi, y que como decimos, iba variando cada año.

Entrado el mes de junio, no vemos que se destaque el desarrollo de grandes fiestas, aunque si algunas misas, que recaían en los cargos heredados de los descendientes de aquellas familias que habían adquirido propiedades de sus ancestros.

Tras la entrada de julio uno de los grandes días es la celebración de Santiago Apóstol (25 de julio). Una festividad cargada de enorme simbolismo, si tenemos en cuenta que Piqueras es una localidad en la que abundaron gentes que durante la reconquista eran miembros descendientes de cristianos viejos que se asentaron en el lugar, y cuyo origen queda sellado a través de algunos de los apellidos que todavía hoy existen ente sus habitantes. Durante esta jornada se decía una misa por el pueblo, siendo pagada por los mayordomos de la Iglesia.

En el mes de agosto vemos que la hoja del documento presenta un estado bastante deteriorado, lo cual nos imposibilita leer con claridad la celebración de un acontecimiento, pero que intuimos que sería destacado, por la cifra de misas que lo acompañan. Creemos que una vez que podamos leer más documentación municipal, quedará despejado este interrogante.
Lo que si sabemos con certeza es que el día de la Asunción (15 de agosto), en el pueblo se realizaba una procesión, tal y como refleja el documento.

Durante septiembre otra de las grandes jornadas era la festividad de la Natividad de Nuestra Señora, donde se efectuaba una procesión, así como se celebraba una misa por las memorias de las tierras que habían dejado los vecinos.
Antes de que acabara el mes, el día 29, el Licenciado Miguel Abad, y que venía de una de las familias más destacadas del antiguo Piqueras, dejó el pago de una misa cantada, que recaía anualmente sobre el que era el capellán de la localidad.

Ya en octubre, tenemos que el primer domingo de ese mes, cada año se realizaba la fiesta del Cabildo de Nuestra Señora del Rosario, respaldada por los cofrades de dicha agrupación. En ella se efectuaba una procesión, con misa cantada, que al día siguiente finalizaba con un réquiem, y que corría a costa del mayordomo. Pensamos que esta era una de las fechas más remarcadas del calendario litúrgico de Piqueras, debido a la devoción que ha existido hacia la Virgen del Rosario, de acorde a la documentación que he podido ir leyendo durante estos años.

Será el mes de noviembre uno de los más tranquilos, donde pensamos que además del Día de Todos los Santos, se desarrollaba cada primer domingo de modo anual, la fiesta de la otra cofradía local (la de la Vera Cruz).

Ya para despedir el año, vemos como durante el mes de diciembre, la agenda festiva volvía a coger fuerza, así el día 8 era obligada la celebración del día de la Purísima, y que se acompañaba con una misa por el pueblo, corriendo en este caso a cargo del mayordomo de la cofradía de la Santa Vera Cruz.

Remarcar que el día 18 de diciembre Alonso López dejó una fiesta, con misa cantada y otra rezada. Y aunque no hemos leído nada referente al día de Navidad, sería como norma habitual, la celebración de la Misa del Gallo, en la medianoche (o poco antes) de Navidad en Nochebuena.

Valgan pues esta líneas, como un testimonio más que nos permite reconstruir con mayor detalle, el desarrollo de las fiestas que tradicionalmente se han ido celebrando en Piqueras del Castillo.


David Gómez de Mora

El escudo de Vinaròs. Toponimia y heráldica

La reciente restauración de la antigua casa de la villa junto con la fachada de su portal que da acceso a la calle del Rosario, ha permitido en su zona interior, el hallazgo de una pintura que representa el escudo de Vinaròs. Se trata de una obra que a tenor de su ejecución, pudo ser realizada por un artista de ámbito local. En ella se aprecian dos niños alados -puttis-, encargados de sostener un escudo coronado de la localidad, apareciendo en la parte izquierda del mismo una cepa, así como en la zona derecha un ala (ambos los elementos característicos de nuestra heráldica municipal). Justo encima de ellos, puede leerse la leyenda “VINA D ALOS”, en alusión a la tradición local que ubica el linaje catalán de los Alòs en este lugar durante la reconquista. 

Desde tiempos pasados hay una enorme confusión sobre la historia etimológica de nuestro municipio, debido a las diferentes tesis que se han ido barajando con el transcurso de los siglos.

En el caso de Vinaròs nos encontramos con una cuestión bastante peculiar. Así pues vemos que el topónimo ofrece una etimología, que para nosotros nos conduciría hasta la cultura beréber, haciéndolo descender de la forma Beni-al-Arós. Una hipótesis en la que creemos muchos historiadores, y cuyo proceso formativo se extiende por buena parte del territorio valenciano, tal y como pudo suceder sin ir más lejos con nuestros vecinos, así los Beni-Gazló fueron quienes pudieron dar nombre a la actual ciudad de Benicarló.

Ahora bien, hasta fechas no muy lejanas, tal y como se puede leer en Borràs Jarque, se mantenía la hipótesis de que el nombre de la localidad, podría haberse creado a través de la unión del sustantivo viña (por la abundancia de este cultivo en el lugar) y su consiguiente donación a un miembro del linaje Alòs. Un juego semántico que durante tiempo ha sido motivo de discrepancias.

He aquí el “dilema” de la cuestión. Entrecomillo irónicamente la palabra dilema, puesto que en realidad no hay motivo para ello. Ya que estamos hablando de dos temas absolutamente diferentes, pues una cosa es el topónimo de nuestra ciudad, y otra muy dispar, es la historia del escudo municipal.

¿Y qué tendrá que ver una cosa con la otra?

Aquí radica el gran problema y fuente de tantas confusiones...; Para nosotros está muy claro. El nombre de Vinaròs es una cuestión, que nada tiene que ver con la de su escudo. Lo que sucede es que en algún momento de nuestra historia, alguien se encargó de relacionar ambos elementos, llegando a la conclusión, de que por activa, la existencia de una teoría, debía invalidar automáticamente las restantes. Enorme error, si tenemos en cuenta que estamos tratando temas incomparables, ya no sólo por su tipología, sino que incluso por su cronología.

Como decíamos, el topónimo, parece ser que se podía asociar a la cultura bereber, y que como bien es sabido, estuvo poblando toda nuestra zona durante los siglos anteriores a la creación del Regne de València proyectado por Jaume I. Si no teníamos bastante con la presencia de topónimos musulmanes, restos arqueológicos en la zona interior del término y lugares habitados permanentemente como fue el caso de Peníscola, hace unos años atrás, el asunto se consolidó con el hallazgo de unos huesos en la plaza parroquial, que gracias a la datación del carbono-14, confirmaron la presencia de vida en este lugar durante la época de la instalación musulmana (siglos X-XI). Partiendo de estos datos, ya no es descabellado pensar que en algún momento entre los siglos VIII-XI, una comunidad rural de pobladores bereberes diera nombre a una alquería, que con su respectivo cambio y evolución etimológica, adoptaran los nuevos pobladores cristianos de la primera mitad del siglo XIII.

Otro tema es el del escudo, cuestión que como reitero, es absolutamente diferente. Tengamos en cuenta que no todos los municipios poseían un emblema heráldico, sin ir más lejos, hay muchísimos enclaves de nuestro país que han ido creándolos a lo largo de las últimas centurias, e incluso décadas. Además hemos de aclarar que desde sus inicios, la heráldica no fue precisamente una ciencia exacta, y por lo tanto, esto ya de por sí ofrece un amplio abanico de posibilidades a la explicación del origen de muchos de los escudos que conocemos. Motivo de mayor interés, para abordar el caso del de Vinaròs.

A la pregunta ¿desde cuándo posee Vinaròs un escudo?, no podemos contestar de manera rotunda, ya que no conocemos hasta la fecha un documento en el que se especifique una asignación de armas o emblema heráldico que sirva para representarla. De lo que si estamos seguros, es que el escudo que hoy empleamos, ya aparece tras el final del medievo. La prueba la tenemos en una clave de las caballerizas de la ermita, y cuya fecha lo remonta a mediados del siglo XVI.

Tampoco quisiéramos olvidar la presencia de un escudo dentro de la Arxiprestal, y que algunos historiadores locales dicen que procedería de la anterior iglesia gótica. No obstante lo que si nos parece más interesante, es una representación de un escudo romboidal, ubicado precisamente en el ayuntamiento medieval, justo en el ventanal de la calle mayor, y donde “casualmente” se representa uno de los dos cuarteles del escudo de Vinaròs (concretamente el de su ala). Éste se halla esculpido, y a tenor de la ejecución de la obra, bien podría datar de la primera mitad del siglo XV. Esto nos obliga a reflexionar acerca de si pudo hacer alusión a las “antiguas armas de la villa”, o de un linaje, de las que a posteriori pudo derivar nuestro blasón municipal. Y digo intencionadamente “derivaría”, por el hecho de que la heráldica cambia, evoluciona y se adapta a los tiempos, de ahí que los diferentes linajes que portaban sus blasones fueran incorporando elementos que los variasen, pues podían ser alusivos a otras familias con las que habían entroncado, ramas de las que pretendían distinguirse, o incluso leyendas locales que los acompañasen. Precisamente el linaje de los Alòs de Berga tiene por armas un ala solitaria, aunque no serán precisamente los únicos que emplearan este icono como distintivo personal, de ahí que resulte imposible establecer conclusiones esclarecedoras.

Pero, ¿qué hay de cierto sobre la relación de los Alòs y el entorno de Vinaròs?, sabemos que el linaje de los Alòs estuvo presente en nuestra área de influencia, y eso lo respalda la documentación. José Antonio Gómez Sanjuán y su hijo Alfredo Gómez Acebes comentan en su obra (Els Alòs: l’escut i la fundació de Vinaròs, 2011, 25) que ya existen referencias de esta familia en nuestro territorio. Por ejemplo en un documento datado a 18 de octubre de 1148, durante el asedio de Tortosa se menciona a uno de los caballeros participantes y que lleva por nombre Bertrán d’Alòs. Igualmente el 29 de abril de 1182 el canónigo de la catedral de Tortosa es Guillem d’Alòs. Esto no confirma nada, pero nos indica que los Alòs nunca anduvieron lejos de Vinaròs desde momentos previos a la reconquista. Recordemos que esta franja era la marca meridional cristiana donde se concentraron las fuerzas que pasaron a tomar parte activa en la creación del Regne de València, e inmediata toma de Peníscola con sus alquerías adyacentes -entre las que estaba el actual Vinaròs-.

¿Qué es entonces lo que tanto ha desacreditado la relación entre los Alòs y el escudo para algunos historiadores?, primeramente la falta de un documento u otro elemento que certifique de forma fehaciente y literal que los Alòs fueron la familia que toma o se asienta en un periodo de la reconquista en Vinaròs, cosa que como bien sabemos es muy difícil que algún día se llegue a producir, ¡ojalá…!

Y la segunda razón, es que sólo se conoce hasta la fecha una única fuente en la que se cita la relación de los Alòs y Vinaròs, ¿y dónde es?, pues en las trovas de Mossén Jaume Febrer, las cuales ya desde sus inicios fueron tildadas de apócrifas…, aunque sobre esta cuestión podríamos dedicar muchos escritos, argumentando que una parte de las mismas guardan un razonable fundamento histórico. Un tema de notable interés que viene debatiéndose desde hace siglos, pero que como no viene al caso tampoco vamos a profundizar en este artículo.

De todo esto que redacto, lo que sí cada vez tengo más claro, es que existe una confusión esparcida en nuestro municipio (y probablemente arraigada desde hace muchos siglos atrás), entre el origen del topónimo y el escudo de Vinaròs, que no entiendo cómo pudo generarse (ya que son temas absolutamente diferentes), a menos que alguien quisiera conectar y unificar ambas cosas en una misma historia. Si ello fuese así, surge el interrogante de si esto se produce tras la publicación de la referida obra de Mossén Jaume Febrer (atribuida a Onofre Esquerdo) *1, puesto que se pretendió establecer un paralelismo entre la etimología de Vinaròs, con la supuesta concesión de unas viñas a un miembro de los Alòs (que dejó ese escudo), o ya como segunda posibilidad, que  directamente estuviésemos ante una tradición local que viene existiendo desde tiempo atrás a esas fechas, debido a diversos matices que queríamos resaltar.

Dependiendo de cómo se desarrollaran los acontecimientos, la cosa cambia mucho, ya que en el primer escenario nos encontraríamos ante un intento fallido de reconectar elementos que nada tienen que ver entre sí, y por lo tanto, defender que los Alòs dan pie a nuestro nombre municipal y su escudo (lo cual desde el punto de vista toponímico es poco sostenible, pues como decíamos la etimología de Vinaròs parece ser de origen bereber). Siendo en realidad una tesis que se retroalimenta en los juegos de la semántica.

Pero, ¿y de ser la segunda posibilidad cierta?

Es entonces cuando cambian las tornas, pues veríamos que las trovas simplemente lo que harían es recopilar una historia que ya desde tiempo atrás se iba relatando. Y es que si partimos de este escenario alternativo, se nos presentan algunos elementos que refuerzan esta hipótesis, como que la aparición de los Alòs en Vinaròs, es anterior a la historia de Mossén Jaume Febrer, siempre y cuando las pinturas aparecidas de la casa de la villa, fueran previas a su obra, ya que entonces, la “Vinya d'Alòs” es una historia anterior. Además, nos parece mucha casualidad que el escudo externo del antiguo ayuntamiento, tenga precisamente como emblema un ala, casualmente el mismo icono que tienen en común las diferentes ramas de los Alòs, pues bien pudo ser esa la forma originaria que adoptó el blasón del linaje en el medievo, tal y como nos hace pensar la lógica evolutiva de la heráldica, antes de que se le añadieran otros cuarteles, y en los que cabría la posibilidad de que ese fuese una cepa o vid, como resultado de ese intento de entremezclar una parte de la realidad (la presencia de los Alòs en la reconquista), con un suceso inventando, pero que semánticamente le da juego (la viña que tanto se parecía al inicio de la palabra Vina-ròs), fruto de la tradición local que venía existiendo.

Si a ello le sumamos que durante la reconquista bajan hasta nuestra tierra numerosos caballeros (en cifra considerable de origen catalán), y que los mismo Alòs ya están circulando por nuestra tierra desde momentos previos a la reconquista, todo nos conduce a pensar que no iríamos muy desencaminados en creer que la segunda hipótesis sería la más correcta.

¿Qué significaría todo esto?, pues como hipótesis de trabajo, pensamos que los Alòs anduvieron por estas tierras, y en algún momento del inicio del proceso reconquistador dejarían su huella en Vinaròs, sin necesidad de que se les concediera ninguna viña, ni que su apellido pasara a fosilizarse o formar parte de la etimología municipal, pudiendo simplemente haber tomado parte de la reconquista, tal y como hizo en su día Bertrán de Alòs y otros tantos linajes catalanes, que escasamente un siglo antes, igualmente participaron en el asalto a la ciudad de Tortosa. Fenómeno que les serviría a través de las concesiones propias de la época, el control de este lugar, pero como decimos, jamás para darle su nombre, pues este ya podía venir existiendo desde los anteriores bereberes.

Llegados a esta punto, pensamos que el motivo que ha generado esa confusión pudo tener su germen a raíz del siglo XVII, momento en el que se publican las trovas, y justo cuando alguien pretendió enlazar en una misma historia todo. Algo muy sencillo teniendo en cuenta que el argumento se presta bastante, ya que Vinaròs desde tiempos remotos estaba repleta de viñedos, tal y como corroboran las excavaciones del poblado íbero del Puig de la Misericòrdia. Además, muchas tradiciones locales o leyendas, siempre pueden guardar algún nexo con fenómenos procedentes de la realidad histórica, y de ser así, ante las evidencias expuestas, no sería descabellado pensar que la gente de los primeros siglos eran auténticos conocedores de la presencia de los Alòs, tal y como podría intuirse por las armas presentes en el ventanal del ayuntamiento medieval (labradas presumiblemente durante el siglo XV). De ahí que interactuando hechos falsos y auténticos, se construyera una tradición, en la que se pretendió englobar una misma raíz toponímica y heráldica.

Nosotros creemos en esa posibilidad, ya que desde la misma se sintetiza todo lo que hemos expuesto en el presente artículo. Pues una cosa es hablar de toponimia bereber, y la otra de un linaje catalán asentado en un momento concreto de la reconquista, que manifiesta su presencia a través de algo tan propio de la época como su escudo, y sobre el que luego se generaría una historia, entremezclada con la tradición local, que acabaría siendo el germen del blasón municipal, y consecuente confusa raíz etimológica. 

David Gómez de Mora

Notas:
*1: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=esquerdo-sapena-onofre



domingo, 27 de agosto de 2017

Inventario de los efectos de la Iglesia Parroquial de Piqueras

Entre la importante documentación histórica del municipio de Piqueras del Castillo existente en los fondos del Archivo Diocesano de Cuenca, quisiéramos remarcar la referente a una serie de legajos sueltos, ordenados en carpetas, y que en este caso haría referencia a la número 2, y que lleva por signatura P-2603. Dentro de la misma hallamos diferentes datos de interés, entre los que cabe destacar un inventario de los objetos de la iglesia, manuscrito por el párroco del momento, y que nos remontaría hasta las diferentes piezas existentes dentro del edificio religioso, allá por 1879.

Por desgracia este censo no se conoce con exactitud, puesto que una parte de las hojas escritas se encuentran muescadas, de ahí que transcribamos sólo algunas de aquellas piezas que todavía se pueden leer, y que vienen detalladas de acorde a los siguientes apartados:

Objetos para el culto:

6- Candelabros con crucifijo (bronce).
Varias saetas de madera, con marco dorado y cristal.
Varias saetas de hojalata, con cristales rotos.
2- Campanillas de bronce.
3- Misales.
2- Atriles para misales de madera.
1- Hule para el altar.


Para el altar de San José:

1- Sabanilla de hilo para la mesa de altar y otros objetos que no podemos leer.


Para el altar de Nuestra Señora del Rosario:

1- Saeta de madera, con marco dorado y cristales.
1- Candelabro de bronce y cruz con crucifijo
1- Lámpara de bronce.
1- Cortina blanca.
La ropa y las alhajas para la imagen.


Alhajas de la iglesia (aparece tachado):

1- Custodia de plata sobredorada de 115 onzas de peso.
1- Copón, crucifijo y una cajita para el viático de plata.
1- Cáliz de plata con patena y eucaristía.
1- Cruz parroquial de plata y un juego de crismeras del mismo material.
1- Concha bautismal y un hisopo de bronce.
1- Calderilla de cobre para el agua.
1- Lavamanos de hojalata con grifo.
1- Hisopo de hierro y 2 vinagreras.


Telas:

6- Casullas encarnadas.
1- Capa encarnada.
3- Casullas negras.
1- Capa negra con galón plateado.
1- Capa morada.
3- Casullas moradas.
2- Casullas verdes.
3- Hábitos de ropa blanca.
2- Bonetes de merino.
6- Purificadores.


Otros objetos:

1- Espejo de marco negro.
4- Faroles para el viático.
1- Arca para la cera.
2- Bancos viejos.
4-Sillas viejas.
Unos hierros para hacer hostias.
6- Varas verdes.
2-Perchas de madera.
2- Cuadros viejos de la sacristía.
1- Estante cajonero.
1- Caja de madera para las hostias.
Unas andas viejas.
1- Tumba-Ataúd.


Cera:

1- Cirio pascual y diferentes objetos que no se llegan a comprender.


Libros:

1- Misal viejo y otros que no se pueden leer. A posteriori añade el libro de matrimonios que se inicia en 1881, el libro de defunciones que comienza en 1880 y el de bautismos que lo hace en 1889.


Otros utensilios:

2- Costillas de brillantería para las ventanas.
1- Cáliz de cristal blanco con copa patena y eucaristía.
1- Corona ordinaria para la Imagen de Nuestra Señora del Rosario.
6- Faroles nuevos de hojalata y cristal.
1- Alfombra grande.
8- Hachas de cera.
1- Manto de tisú blanco floreado.
1- Candelabro de madera.
1- Sepulcro de madera con cristales.
2- Estolas.
1- Hule para el altar de la Virgen.
1- Manto negro con galón plateado para Nuestra Señora de la Soledad.
4- Cortinas (tres rosas y una verde, empleadas en Semana Santa).


Objetos no comprendidos en el anterior inventario:

1- Faristol de madera.
1- Cuadro de la Sagrada Familia.
1- Cuadro de las Benditas Ánimas.
5- Candelabros.
Unas andas doradas.
1- Salero de barro.
1- Olla para el agua bendita de bautizar.
1- Silla con brazos de madera.
2- Bancos viejos.
1- Sagrario.
1- Caja de hojalata para las hostias recortadas.
Unos hierros para hacer formas pequeñas.
1- Cepillo de madera para la limosna.
1- Estandarte (de Nuestra Señora del ¿?).
1- Copa de cristal con su plato para las abluciones.
1- Bandejita dorada.
1- Enaguas de hilo con buenos dorados para Nuestra Señora del Rosario, así como un paño bordado para vestirla en las festividades del Santísimo.
1- Caja-tumba para conducir cadáveres.
1- Sabanilla del altar del Rosario.
6- Candelabros de metal blanco con baño de plata para Nuestra Señora del Rosario (ésta imagen tiene una hermosa antigua corona de plata con un óvalo para la cara también de plata).


David Gómez de Mora

lunes, 19 de junio de 2017

El inicio del Señorío de Piqueras

La historia del Señorío de Piqueras se remonta a la etapa final de la Edad Media. Será a partir de ese momento cuando diferentes familias de la nobleza conquense comenzarán a tomar el control del lugar, y de donde nos gustaría destacar las primeras representantes, abarcando un espacio cronológico que se extendería a lo largo de los siglos XV-XVI.

La historia de este Señorío se inicia concretamente durante el año 1456, momento en el que se menciona al primer Señor del lugar, don Alfonso Téllez-Girón de Valencia, el cual casó con doña Blanca Pacheco (procedente de otro linaje destacado de la nobleza conquense). 

Dicho Alfonso consiguió ser reconocido como Caballerizo mayor de Enrique IV de Castilla, además de ser nombrado Gobernador de Cuenca en 1465. Éste era hijo de Juan de Valencia (Mariscal de Castilla), y que se encontraba casado con doña Beatriz de Acuña, noble descendiente de una de las grandes familias que dominarían por aquellas épocas parte del territorio castellano, y cuyas raíces se remonta hasta los más destacados linajes de Portugal.

Por el costado materno Alfonso era nieto de Martín Vázquez de Acuña, el cual fue VIII Señor de Tábua, además de Alcalde Mayor de Lisboa. Su cuerpo descansa en el Monasterio de Santo Domingo de València. Su esposa fue Teresa Téllez-Girón, Señora de Frechoso.

Fruto del matrimonio entre don Alfonso y Blanca, surgió el segundo Señor de Piqueras, Juan de Valencia, quien casó con Beatriz de Villegas, una dama bien aposentada que era hija del Mosén don Diego de Villegas, Comendador de la Orden de Santiago en Alhambra.


Genealogía de los primeros Señores de Piqueras (elaboración propia).

De Juan y Beatriz nacerá su hija Guiomar, quien conservará el apellido paterno, y casará con el noble Garci Ruiz de Alarcón, siendo ambos los terceros Señores de Piqueras. El referido Garci era hijo de Alonso Ruiz de Alarcón (Señor de Albadalejo de Cuende) y de María Carrillo (hija de los Señores de Cervera). Por el costado paterno era nieto de Pedro de Alarcón (quien era hijo del Licenciado Fernán González del Castillo), así como de Catalina de Barba y Alarcón, hija del destacado Lope de Alarcón, quien fue Señor de Valverde, Talayuelas, Zafra, Veguilla, Hontecillas y Albadalejo de Cuende.

Del matrimonio entre Garci y Guiomar surgirá el que conocemos como el cuarto Señor de Piqueras, además de Señor de Albadalejo, don Alfonso Girón de Alarcón y Valencia, casado con Juana Pacheco y de Silva, Señora de Alconchel.

Finalmente de los cuartos señores nacerá don Luís Pacheco Girón, quien además de heredar el Señorío de Piqueras, y ser su quinto representante, ostentará también otros diferentes señoríos de sus ancestros, como sucederá con el de Albadalejo, Alconchel, Villarejo de Fuentes, Villagordo y Almenara. Luís casó con doña Juana de Portocarrero y Osorio, hija a su vez del Conde de Medellín.


David Gómez de Mora

martes, 25 de abril de 2017

Apuntes genealógicos sobre los Barambio

Uno de los linajes más destacados de Buenache de Alarcón durante el siglo XVII y parte del XVIII, fue el de la familia Barambio. Su historia da para mucho, de ahí que en este artículo vamos a realizar un breve resumen sobre algunas de las particularidades por las que destacaron.

Por ahora su origen no lo conocemos a ciencia cierta, ya que hemos visto que aparecen repentinamente documentados al menos durante la segunda mitad del siglo XVI en este municipio, lo cual nos hace pensar como hipótesis que llegarían por esas fechas de otro lugar. Es factible que procedieran del norte, tal y como ya hicieron otros linajes hidalgos que años antes se asentaron en la misma zona, como es el caso de los Lizcano (caballeros del País Vasco).

En este sentido, pensamos que los Barambio bien pudieron proceder de la línea noble que había ubicada en Bilbao, y de la cual sabemos que años más tarde don Juan Bautista de Barambio y Olarte, consiguió ingresar en la Orden Militar de Caballeros de Santiago. No obstante, el vacío existente que hasta la fecha nos ofrece la documentación, hace que esto quede en una mera conjetura, pero que cobra fuerza cuando analizamos a fondo el poder acumulado por sus miembros ya desde las primeras generaciones.

Sabemos que Juan de Barambio casó con María López, y de cuyo matrimonio nacerá su hijo Juan de Barambio López. Éste tuvo dos mujeres, siendo la que más nos interesa su segunda esposa, Juana Díaz Descalzo. Una señora perteneciente a la pequeña burguesía rural, hija del señor Lucas Ruiz y su esposa Catalina Martínez. De dicho matrimonio nacerán diferentes hijos que poseerán un papel destacado, así como sus descendientes en años venideros. 

Por un lado tendríamos a Lucas Ruiz de Barambio (11avo abuelo nuestro), quien dio lugar durante varias generaciones al apellido compuesto “Ruiz de Barambio” (fallecido en 1687 y que pagó un total de 120 misas), casado a su vez con una miembro de la familia Cortijo, otro linaje de las pequeñas élites locales. También hemos de mencionar un hermano del referido Lucas, llamado Francisco de Barambio -11avo abuelo nuestro-, (fallecido en 1682, y que pagó 214 misas), casado a su vez con la burguesa María Saiz de Piqueras, hija de Miguel Herráiz Saiz y Ana de Piqueras. De este matrimonio nacerán varios hijos que acabarán entroncando con familias igual de destacadas del lugar. Se podría decir que a partir de esta generación los Barambio comienzan a proyectarse con fuerza, así vemos como su hija Juana de Barambio casa con el hidalgo Miguel Martínez de Montero. Su hermano Juan de Barambio -10mo abuelo nuestro- (fallecido en 1713 y que pagó 200 misas) casa con Ana Blanco, hija también de dos hidalgos, Matías Monedero Blanco y María de Montero. Fruto de esta línea procedió el famoso párroco Barambio de Piqueras, así como otros personajes del apellido Barambio que integrarán el estatus eclesiástico de este territorio, fortaleciendo más si cabe el linaje familiar. Biznieto de dicho Juan y Ana, fue Celedonio de Barambio Serrano, casado en Piqueras con María Antonia López y López, dando fruto a la línea de los Barambio de Piqueras del Castillo. 

Otro personaje destacado que formará parte de esta familia será Miguel Herráiz de Barambio, que forjó su enlace matrimonial con la descendiente de hidalgos María Saiz de Villora y de Ruipérez, y de donde también saldrán otros Barambios vinculados con la iglesia (dicho Miguel falleció en 1713 y pagó 350 misas). Hemos de decir que el número de misas pagadas era también un elemento que caracterizada el poder de cada estirpe. Volviendo a los miembros de dicha familia, tampoco podemos olvidar otra hermana, María Saiz de Piqueras y de Barambio (11ava abuela nuestra), mujer de Pedro de Ontagas, y que a través de uno de sus hijos heredará una parte del vínculo que poseían los Barambio.

Aunque si hemos de destacar un personaje que marcaría el rumbo de la historia de esta familia, ese fue el hermano de los anteriormente citados, Fray don Francisco de Barambio. Éste llegó a ser maestro graduado de filosofía, además de logar el grado en teología por la Universidad de Alcalá de Henares, y posteriormente el doctorado. Don Francisco fue capellán mayor del convento de capuchinas de Madrid, además de un gran erudito que escribió algunas obras, como unos discursos filosóficos, teológicos, morales y místicos; además de una pieza atribuida a su persona, titulada “casos reservados a su santidad, y que debido a su contenido fue prohibida en 1694. (Apuntes, nº 450).




Parte de la genealogía del linaje Barambio extraída de los libros parroquiales de Buenache de Alarcón y nuestros apuntes personales. Elaboración propia.

Por lo que se refiere a don Francisco, sabemos que fundó un vínculo y patronato donde figuraban una extensa lista de bienes patrimoniales, entre los que había una casa de morada más sus corrales en la calle de San Pedro de Buenache, así como una vivienda que luego perteneció a Diego Martínez Merchante, con su bodega inclusive. Luego entrarían huertas, con sus respectivas balsas, cañamares, tierras con cultivos de cebadas, varios trigales, así como muchos bienes que comprendieron el vasto patrimonio de esta familia, y que es digno de estudiarse en un artículo a parte. 

Otro tema que también da para muchas líneas es el referente a su testamento, del cual destacaremos que dicho fray don Francisco deseó ser enterrado en la iglesia de San Pedro de Buenache, en la sepultura familiar donde descansaban los cuerpos de sus padres y tío, Miguel de Barambio. El mobiliario que poseía se lo otorgó a su sobrino Pedro de Ontagas, hijo de su hermana María Saiz de Piqueras y de Barambio. Se mencionan además otras muchas tierras y diferentes casas, entre la que destacaremos la ubicada en plena calle de la iglesia mayor, y que lindaba con la del reputado caballero hijodalgo don Pedro de Buedo. Otros bienes curiosos son el de un cañamar que vendió a don Tomás Sancha y de Ayala, familia que estuvo relacionada a través de la figura de José Sancha y de Ayala con el linaje Salonarde de esta misma localidad y que controlaron una parte considerable de la producción ganadera que existía en la ciudad de Cuenca (véase: “Los Salonarde. Un linaje de la nobleza rural conquense vinculado con la trashumancia”), y que vuelve a evidenciar las relaciones establecidas entre las élites del lugar, así como también múltiples viñas y huertas que aglutinaban uno de los bienes patrimoniales más destacados de la localidad, sumando un valor total de 19.800 reales. (Apuntes, nº 419 y 421).


David Gómez de Mora

domingo, 23 de abril de 2017

Notas sobre el linaje Valladolid de Buenache de Alarcón

La familia Valladolid comienza a dejar su huella en la localidad de Buenache de Alarcón a partir del siglo XVII, momento en que empezamos a ver como aparece este apellido en los libros de su parroquia, así como en las anotaciones de los apuntes genealógicos que poseemos.

Personalmente, este apellido guarda un interés especial, ya que nuestro bisabuelo Honorio de Mora de Valladolid, fue el último representante de la familia en llevarlo. De ahí que en un futuro sigamos investigando más a fondo su procedencia, en busca de conclusiones que nos ayuden a comprender mejor el destino que corrieron algunos de los antepasados que lo portaron.

Poco sabemos por ahora de sus raíces, no obstante, lo que sí parece evidente, es que muchos de sus miembros se encontraban representando diversos de los personajes más destacados del Buenache del siglo XVIII. Circunstancia que comprobamos mediante sus testamentos, así como por los diferentes enlaces que los Valladolid realizan con otras familias de la burguesía local, tal y como sucede en la segunda mitad de esa centuria con el linaje de los Barambio.

Su interés por proyectarse desde las primeras generaciones de su asentamiento queda patente a través del matrimonio celebrado entre Francisco de Valladolid (noveno abuelo) con María García de Arribas, la cual era hija del alcalde de Buenache, don Marcos de Arribas y su esposa Margarita López, naturales de la localidad y gentes de buena posición. Recordemos que su pariente Alonso de Valladolid casó en 1703 con la noble doña María de Villanueva. De estos dos últimos personajes sabemos que Alonso falleció en 1735, pagando un total de 500 misas, así como su esposa María lo hizo en 1744, pagando 1.102 misas. Cifras tremendamente exageradas, que a simple vista son indicativas del poder ostentando por ambas casas.



Apuntes de la genealogía familiar (Linaje de Valladolid). Elaboración propia.


Francisco se encargó de que su hijo siguiera el mismo rumbo que su padre, para ello mantuvo un enlace con una mujer de una condición social similar, María, la cual descendía por el costado paterno y materno de gentes que componían el conglomerado elitista de la localidad. Los planes de proyección social seguían estando muy claros en la familia de Francisco, de ahí que dos hijos fruto de dicho matrimonio, Eugenio y Francisco (ambos séptimos abuelos nuestros), casaron con las hijas de otra familia muy conocida en el territorio por su vinculación con el clero, y anteriormente mencionada, los Barambio, y de los que próximamente realizaremos un artículo detallado sobre su historia familiar. De acorde a la documentación intuimos que Francisco tenía muy buena relación con el que sería su futuro consuegro (Lucas Ruiz de Barambio), fenómeno por el que se gestó con éxito un doble “apaño” matrimonial, que dejó una rica descendencia a través de la línea de los Valladolid, así como acabaría consolidando a sus miembros entre los representantes de la pequeña burguesía municipal durante fechas posteriores. Eugenio tuvo como hijo a Luís de Valladolid y de Barambio, quien casó con María Josefa del Oreto Joaquina Ana Damasa de Cuenca García-Avalos y de la Parra (sextos abuelos). Por otro lado, Francisco, engendró entre sus hijos a Leonardo de Valladolid y de Barambio, quien casó con María Cerrillo López (también sextos abuelos).

David Gómez de Mora